PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Pasa la vida: 'Sevilla se separa de La Cartuja'

ZOIDO tiene un plan secreto para distanciar a la Giralda del rascacielos y salvaguardar en la Unesco la honra de la ciudad. Segregar la isla de la Cartuja del término municipal, para que desde la otra orilla se proclame Cartuja como república independiente. Como allí ahora no vive nadie, carece de colegios electorales donde perder votos.

A Roma le cabe un Estado Vaticano y a Sevilla uno con Monasterio. Y con divinidad propia. El PSOE de Monteseirín, que soñó con un rascacielos, acepta encantado que el presidente de esa república laica sea Felipe González, el Dios de los socialistas. Ya está en imprenta, para enviarla a la reunión en San Petersburgo del Comité del Patrimonio Mundial, la Historia Independiente de la Cartuja. En ella se demuestra con profusión de documentos la falacia de su pertenencia a Sevilla. La Cartuja fue de la Orden de San Bruno. Y de Pickman. Y de Pellón. La Expo'92 se hizo a pesar de la Sevilla de las esencias, que estaba la mar de a gusto con su muro de Torneo. En el Parque Tecnológico Cartuja, el Ayuntamiento no se preocupa de sus necesidades de transporte y aparcamiento. Mil y un ejemplos que acreditan cómo Cartuja tiene su propia vida y su propio criterio. Por lo tanto, no cabe achacar a Sevilla indolencia o mala fe en la preeminencia del rascacielos sobre su paisaje urbano. Es un edificio inevitable.

Ítem más, el principal artífice de la torre es José Luis Manzanares, empresario cartujo e ingeniero trianero. Las finanzas del proyecto parecían sevillanas pero han tomado un cariz catalán. Y la licencia fue tramitada por la Gerencia de Urbanismo en territorio cartujo: las antiguas caracolas de la Muestra Universal. Un ente municipal que será trasladado de inmediato a la Fábrica de Artillería y al que se le cambiará el nombre y el domicilio en horas veinticuatro para evitar interpretaciones capciosas sobre su pasado, mientras se reestablecen las fronteras y se instala un Checkpoint Charlie en el Puente de la Barqueta.

La marca Sevilla ya no está en peligro. Y Zoido será aclamado en el Corpus como el nuevo Alejandro Magno al que no le tiembla el pulso para cortar los nudos gordianos.

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