La crónica económica

Alberto Laborda

Pasarela Cibeles e innovación

HA tenido ocasión de ver algún desfile de la Pasarela Cibeles? ¿Le parece que alguien en su sano juicio saldría a la calle con la mayoría de esos modelos? Tanto de ellas como de ellos, por supuesto. Ante este tipo de cuestiones una amiga, entendida en la materia, aclaró mis dudas. "Mira, lo que estas viendo en la pasarela es un ejercicio de creatividad, de imaginación, de hasta dónde son capaces de llegar los diseñadores manejando tejidos, volúmenes y colores. Pretenden captar la atención, ganar notoriedad. Lo que se vende no tiene nada que ver con esto", decía. Y es cierto, en los escaparates de las tiendas de estos diseñadores no se ven ese tipo de prendas.

Esta conversación me trajo a la cabeza la diferencia existente entre la invención y la innovación. Una invención o una idea creativa se convertirán en innovación cuando se utiliza para cubrir una necesidad concreta. Con la invención tenemos una idea sobre un producto o servicio potencialmente generador de negocio, de beneficios. Solamente cuando esa idea se aplica comercialmente estaremos ante una innovación. Lo que vemos en un desfile de modas son en su mayoría invenciones, parte de las cuales y tras las convenientes adaptaciones se convertirán en prendas para comercializar, entonces estaremos ante innovaciones.

Una innovación no tiene por necesidad que ser un producto completamente nuevo. Cambios más o menos profundos en productos que ya se comercializan hace que nos encontremos ante innovaciones. La telefonía móvil puede ser un buen ejemplo. El poder hablar con alguien a través de un aparato como el teléfono ya fue inventado a finales del siglo XIX y comercializado ampliamente, lo que se conoce como difusión de la innovación, en el XX. Es algo que podemos hacer desde hace décadas. Pero el hecho de que llevemos ese aparato en el bolsillo y nos permita hablar desde casi cualquier parte del mundo es toda una innovación. Y si comparamos los primeros móviles, verdaderos zapatófonos de Maxwell Smart, el Superagente 86, ¿lo recuerda?, con los actuales hay un abismo. Las innovaciones incrementales que se han producido en la telefonía móvil en escasamente diez años han sido continuas.

¿Se imagina no disponer de cajeros automáticos? ¿Se imagina tener que contar con el horario de oficinas para retirar dinero? La innovación no sólo tiene que venir del lado de los productos; en los servicios encontramos continuamente innovaciones. Cuando hace algo más de 25 años los cajeros automáticos entran en funcionamiento se produce, en mi opinión, una de las revoluciones más importantes que se han dado en los servicios financieros: se rompe la dependencia del cliente con la ventanilla para realizar las operaciones básicas. Igualmente el desarrollo de oficinas telefónicas y de páginas webs operativas han cambiado por completo las relaciones entre los clientes y las entidades financieras. Y esto es sólo el principio.

Una reflexión para concluir. No nos asustemos de lo que vemos sobre una pasarela. Podemos estar frente al germen de futuras innovaciones que nos harán la vida mucho más cómoda y agradable.

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