la esquina

José Aguilar

Pasarse en la dosis

EL ministro de Economía (por los suelos) y Competitividad (cerca del suelo), Luis de Guindos, abrió ayer levemente la puerta a la desacralización del control del déficit público como objetivo fundamental de la política económica española. Remitió el asunto a la cumbre de la Unión Europea del mes que viene, pero no la descartó.

El replanteamiento es consecuencia directa de informes y previsiones procedentes del Fondo Monetario Internacional (FMI), que a su vez ha cambiado de visión. Hace un año el FMI pronosticaba que 2013 sería el año en el que se iba a consolidar la recuperación de la economía de España. Ahora augura una caída del PIB del 1,3%. Teniendo en cuenta que los presupuestos del Estado se han elaborado partiendo de una bajada del PIB del 0,5% -bastante menos de la mitad-, ¿no habrá que rehacerlos a la baja? El informe del Fondo nos coloca a la cola del mundo en crecimiento, emparedados entre Grecia y Portugal. No son buenos compañeros de viaje en este caso.

Así las cosas, la directora del FMI, Christine Lagarde, ha recomendado que países como España reconsideren su política de austeridad y recortes, practicada por el último Zapatero y profundizada por Rajoy desde que llegó a la Moncloa, va ya casi para diez meses. Entendámonos, no dice Lagarde que nos olvidemos del déficit público -esencial para que nuestros acreedores nos refinancien la deuda y para que los mercados no nos castiguen vía prima de riesgo-, sino que nos concedan más tiempo para alcanzar las reducciones acordadas. Y lo mismo a griegos y portugueses.

Esto es algo que numerosos expertos llevan muchos meses advirtiendo: puesto que la recesión es más grave y duradera de lo previsto, se necesita más flexibilidad en naciones que ya han procedido a aumentar los impuestos hasta el límite de lo socialmente soportable y a recortar sus gastos hasta el mismo sitio, además de acometer, o iniciar al menos, las reformas estructurales demandadas. Con todo ello la economía no se ha reactivado, no hay consumo que la reactive, y eso trae más recesión, más cierre de empresas y más desempleo (con lo cual, a la vez, disminuye la recaudación fiscal y aumenta el gasto en desempleo, entre otros, y no hay manera de atenerse a un tope de déficit demasiado estricto.

No va a ser fácil que la UE, y sobre todo Alemania, acepten esta revisión de los objetivos de déficit. Pero hay que intentarlo en serio, junto a otros pacientes del mismo mal. A ver si nos vamos a pasar en la dosis de medicina -veneno, al fin y al cabo- suministrada al enfermo y el enfermo acaba muriéndose... Curado de su estado deficitario, con unos números perfectos, pero completamente tieso.

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