Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

Paseando por la Gran Vía

NO hay nada como subir a Madrid para darse cuenta de que, por muy Villa de la Corte que sea, en el desarrollo de ciertas profesiones, su impronta, se nota. Vamos, sin ir más lejos, hoy pienso realizar mi trabajo sólo con el resultado del paseo que, recién llegado, he dado desde la Gran Vía al barrio de Chueca y, de ahí, a Conde Duque, escenario donde, y empiezo por el final, la onubense Martirio y Lila Downs, ofrecieron el miércoles un concierto que, según escuché desde el exterior -llegué demasiado tarde para entrar-, merecía la pena.

Antes, Mario Vaquerizo, marido de Alaska al que -fíjense cómo será de inconfundible- identifiqué sólo con verlo de espaldas, se adentraba, teléfono móvil siempre en ristre, en una calle por cuyo interior se fue perdiendo su delgada figura. "Vive justo al lado nuestra", me comentaba Jerónimo Fernández, periodista de TVE en cuyo céntrico apartamento me alojo durante estas mini-vacaciones.

De inmediato, y todavía me quema la duda por saber qué hacían juntos, descubrí a Luis Rollán, morenísimo colaborador de "la" Quintana, con la que, si no me equivoco, me pareció Silvia, prima de Isabel -supuesta íntima del comentarista-. "¡Verás tú cuando se entere "la" Pantoja!", pensé motivado por la que, entre ellas, nunca ha sido una relación especialmente estrecha.

Pero, igual que anuncian en los circos, faltaba "el más difícil todavía", con lo que resultó un auténtico placer comprobar que Pablo Sebastian, el ex-pianista de José Manuel Parada, sigue dando guerra. Bajo una gorra y con camiseta y pantalones piratas, el argentino caminaba llevado por esa prisa que, en ciudades tan gigantes como ésta, sentencia marcialmente el día a día de sus habitantes.

La única que se me escapó, tras toparme con el cartel que anuncia su función, Bajarse al moro, fue Charo Reina pues, según me explicaba después por teléfono, disfruta en Sevilla de un breve período de descanso. ¿Qué la tendrá tan ocupada? La falta de espacio me obliga a mantenerlo en suspense pero, sólo para aquellos interesados, prometo, pronto, aclarar el misterio.

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