Visto y oído

Antonio / Sempere

Pasión

NO es de extrañar que tantos espectadores siguieran las cuatro horas de deliberaciones del COI. El despliegue realizado para la ocasión por TVE atrapaba. Cuatro horas son muchas horas. Y sin embargo fluyeron, volaron. Es más, invitaron a aplazar otros asuntos. Desde aplazar la compra prosaica hasta realizar labores de más enjundia.

El macguffin no podía ser más goloso, la verdad sea dicha. Pero el suspense, el ritmo, el tempo con que fueron abordadas las conexiones apenas dieron tregua. Cuatro horas. Se dice pronto. Desde antes de las tres de la tarde hasta el momento culminante, a las siete. Y cuánta televisión de la buena.

Si algo queda a TVE después de todas sus reconversiones son las dos grandes áreas, sus dos grandes activos que dirían los conferenciantes cursos, que no son otros que Informativos y Deportes, con mayúsculas. Y cuando ambos se unen, se coordinan y suman fuerzas ofrecen como resultado lo que vimos el viernes. Espectáculo informativo con tensión. Ramudo desde Río, Molló desde Tokio y Milá desde Chicago dieron lo mejor. Pero también los demás. Qué entrega la de Raquel González con la delegación española. Qué tablas las de María Escario.

Tratando de ser ubicuo también seguí la narración de Iñaki Gabilondo en Cuatro. Como maestro de la palabra que es, definió muy bien la situación final. "El verbo perder es demasiado fuerte para explicar lo que aquí ha ocurrido". La ilusión luchaba contra la pasión. Y ganó la segunda. Cualquiera que viese y escuchase a los brasileños que celebraban la victoria en la plaza de Oriente apreciaría que están hechos de otra pasta. Que los Juegos se van a otro mundo. A un mundo donde estaban tardando en viajar.

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