LA instrucción del caso Marta sigue deparando toda clase de sorpresas que dejan lugar a muchas dudas sobre cómo se están haciendo las cosas. El último patinazo ha sido la decisión judicial de hacer comparecer ante la Policía a los periodistas que están siguiendo la investigación para que declarasen sus fuentes informativas. Es decir, se insta a los informadores a que incumplan el primer deber de ética que se les enseña en las facultades de Periodismo: la defensa a ultranza del secreto profesional. Ni que decir tiene que los periodistas se negaron en redondo. La oportuna intervención de la Asociación de la Prensa ha puesto las cosas en su sitio y parece que otras comparecencias que estaban previstas se han descartado.

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