Tribuna

Luisa Dupuy / Psicóloga Clínica

Patología dual

NOS encontramos con una sociedad donde la bebida se considera un factor de integración social y favorecedor de la convivencia, no es de extrañar pues que en las últimas décadas se haya producido un incremento en el consumo; derivando en un amplio abanico de posibilidades.

Un tema que cada vez destaca más en la actualidad, es el de la patología dual o la presentación de forma conjunta de un trastorno mental y una conducta adictiva (como puede ser el alcohol).

Son pocos los estudios epidemiológicos que existen al respecto, la gran mayoría de ellos, realizados en Estados Unidos y sin resultados concluyentes; aún así no se puede ignorar lo obvio y es que aproximadamente, más de un tercio de las personas que consumen alcohol también padecen alguna otra patología mental.

Se puede hablar de cuatro tipos o situaciones diferenciadas:

El trastorno mental y el de abuso de alcohol pueden presentarse de forma independiente, pero con coincidencia temporal, cada uno de ellos puede progresar de forma distinta según su curso clínico. Se presenta un trastorno primario (mental o por abuso de alcohol) que influye en el desarrollo de un trastorno secundario, de tal forma que al final el trastorno inducido va a alcanzar su propio curso y desarrollo.

El trastorno por consumo de alcohol puede inducir a la aparición de otro tipo de trastorno mental asociados bien a la intoxicación, bien a la abstinencia.

Por último, el trastorno por uso de alcohol puede ser secundario a los esfuerzos de la persona por paliar los síntomas asociados a un trastorno mental.

Cuando hablamos de patología mental, son muchos los trastornos que se incluyen en esta lista, entre otros: trastornos de la personalidad, psicóticos, del estado del ánimo, de ansiedad; aunque son éstos dos últimos, los que mayor índice de prevalencia presentan.

El ser enfermo dual trae consigo una serie de consecuencias como pueden ser: una mayor probabilidad de problemas psicosociales, una peor evolución durante la terapia, un mayor riesgo de recaídas, o una mayor cronicidad. De aquí la importancia de las evaluaciones psicológicas y del historial médico-psiquiátrico para poder determinar con la mayor precisión posible la situación actual de la persona y así poder desarrollar un tratamiento único e individualizado. El planteamiento básico de la mayor parte de los autores y profesionales es el de llevar a cabo un tratamiento integral, en el que aunar el tratamiento psiquiátrico con el de abuso de sustancias; considerándose esta intervención más efectiva para esta situación.

La poca comprensión social que existe hacia este tema, resulta de poco apoyo a la hora de auxiliar a este tipo de enfermos. Un mayor conocimiento de su situación y una atención adecuada sería el primer paso para afrontar estas cuestiones

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