La ciudad y los días

carlos / colón

Patriotismo y Eurovisión

CON lo contento que yo estaba, con la ilusión que yo tenía!", que decía el grandísimo Pepe Isbert en El verdugo cuando, al regresar feliz a su casa porque le habían concedido un piso de protección oficial, descubría a su hija con un hombre en la cama. Pues sí, con la ilusión que yo tenía porque el respeto hacia las banderas y los himnos era cosa anticuada y reaccionaria, porque en nombre de la libertad de expresión las banderas podían quemarse y los himnos pitarse, porque las banderas constitucionales pueden arriarse para poner en su lugar otras tricolores e inconstitucionales… Cuando todo esto demostraba que nuestro país era ya irremediablemente moderno y progresista, y por ello experto en quemar, quitar o pitar los símbolos nacionales, demostrando así que somos más democráticos que Inglaterra o Francia… Entonces -¡con la ilusión que yo tenía!- se produce la intolerable afrenta de la prohibición de la ikurriña en Eurovisión. Y todo se viene abajo.

¡Cómo se han alzado las criaturas que callan o aplauden cuando se queman y se quitan las banderas de España, o se pita su himno! ¡Con qué ímpetu patriótico, fervor constitucional e indignación han reaccionado ante el insulto a un símbolo! Y eso que el escenario no puede ser más friki: Eurovisión, el escaparate de la caída hortera de Europa que algún día, hace muchísimos años, tuvo la gracia yeyé de las marionetas en la cuerda o del retaco Jean Jacques cantando "Mama (flauta: pi-pi), mama (flauta: pi-pi), un bello sueño tuve ayer…".

Desde la histórica noche del 6 de abril de 1968 en la que España ganó Eurovisión, Federico Gallo exclamó "¡Señoras y señores, España ha ganado, ante doscientos millones de telespectadores!" y en la tertulia posterior en TVE Natalia Figueroa comparó a Massiel con Agustina de Aragón, el festival no había provocado semejante turbulencia política y fiebre patriótica. Patrióticos tiempos aquellos. Mientras Massiel ganaba en Londres, Rosa Zumárraga ganaba Un millón para el mejor. Tras llamarle Miss Aplomo y Miss Espasa la nombraron Mujer Ideal 1968. El 22 de aquel abril ganó el millón. Al día siguiente el diario Última Hora publicaba: "Rosa y Massiel, dúo que puede ser símbolo de una especie de mujer española, herederas de las más puras esencias de nuestras hembras". Quién iba a decir que 48 años después Eurovisión iba a desatar otro terremoto político en España y a despertar tan patrióticas pasiones.

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