Alto y claro

Película de Hitchcock en Sevilla

PSICOSIS, la película dirigida por Alfred Hitchcock en 1960, ha pasado a la historia como el gran clásico del cine de terror y suspense. Psicosis es también el estado de ánimo en que se halla Sevilla después del hundimiento del quiosco en el socavón del Metro en la Puerta de Jerez. Lo prueba la activación del protocolo de alerta por parte del Cecop a primera hora de la noche del jueves, tras los avisos dados por algunos viandantes sobre un bache existente en la confluencia entre la calle Almirante Lobo y el Paseo de Colón. Y es que, más que un bache, lo que estos sevillanos creían percibir eran los movimientos telúricos previos a otro hundimiento del suelo. No les faltaban razones para albergar semejantes temores, ya que el suelo se había cuarteado dos veces anteriormente junto a la Torre del Oro tras el paso de la tuneladora bajo la dársena del Guadalquivir. Esa psicosis explica que la Policía Local cortara el tráfico durante una hora, que se movilizaran los servicios municipales y que el alcalde enviara allí a su mano derecha para que le informara de primera mano, amén de que acudieran los técnicos de la UTE del Metro, los cuales no ganan para sustos últimamente. El cable de agencia -no me resisto a dejar de usar la vieja terminología periodística- decía de la falsa alarma que a tantos alarmó lo siguiente: "...los técnicos de la UTE, dentro del protocolo preventivo, revisaron el lugar hasta dilucidar junto a los vecinos de la zona que el bache 'era antiguo' y no correspondía a la construcción de la estación Puerta Jerez. Así pues, el dispositivo fue desactivado y la Policía Local reabrió la calle....". Este bache es una metáfora de Sevilla en cuanto sirvió de indicador de normalidad. Fíjense en la paradoja: los servicios municipales admitiendo impertérritos y hasta aliviados la vetustez del bache, cuando debía haber sido considerado como la prueba del delito de su propia desidia. Si el bache era todo un clásico porque no se reparaba pese a hallarse en un sitio tan transitado como el Paseo de Colón, ¿qué antigüedad no tendrán en el resto de Sevilla? Por cierto, hubo un alcalde al que, por preocuparse más de los grandes eventos que de estas pequeñeces, los sevillanos apodaron Manuel Delbache. Lo que le ocurrió después ya es historia.

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