la esquina

José Aguilar

Películas clasificadas

ANTES de abandonar el Ministerio de Cultura -por el que ha pasado sin pena ni gloria-, la titular del departamento, Ángeles González-Sinde, ha querido dejar su impronta de profesional del cine instituyendo una categoría insólita en la calificación de las películas.

Tranquilos, que no ha añadido una muesca nueva a la clasificación con la que el nacional-catolicismo adoctrinó nuestra adolescencia y que los curas anunciaban en los muros parroquiales (autorizada para todos los públicos, menores acompañados, mayores con reparos y gravemente peligrosas, que eran las que te llevaban directamente al infierno). La categoría que Sinde ha aportado a la historia de la tontería es la de película "especialmente recomendada para la igualdad de género".

Como ha escrito mi compañero Carlos Colón, hay que ser muy beato -laicistamente beato- y muy paternalista para creer que el Estado debe orientar al público a la hora de ir al cine, aunque se trate de una orientación digamos "en positivo", dirigida a distinguir con el sello de calidad de la corrección política a aquellas cintas que censores obviamente progresistas decreten merecedoras de ser vistas por razones tan opinables como que eliminen los prejuicios de sexo, usen un lenguaje no sexista, proyecten una visión igualitaria de la convivencia doméstica (¡hay que recomendar una mala película en la que el hombre y la mujer compartan el fregado y la plancha!) y cualquier otra bagatela intelectual del feminismo de damas instaladas.

Si tuviera más respeto por el arte del que vivía antes de su paso fugaz por la política -y del que espero pueda seguir viviendo en adelante-, a la aún ministra no se le habría ocurrido, ni harta de vino, estropear el maravilloso invento del cine con esta intromisión oficial, y fracasada de antemano, en la libre relación entre los creadores de una película y el público soberano. Y si fuera coherente con sus propias ideas, habría establecido otra categoría, antónima de la anterior, para desaconsejar la visión de películas "especialmente contrarias a la igualdad de género", y no veas la cantidad de buenos filmes que el Ministerio de Cultura tendría que estigmatizar por esa causa.

Más aún, ¿por qué recomendar sólo las películas que enaltecen la igualdad entre los géneros y no las que inculquen valores cívicos, defiendan los derechos humanos, promuevan la paz mundial o denuncien el cambio climático? En fin, ¿por qué no distinguir todas las películas con mensajes de progreso y visiones bondadosas de la vida? ¿Por qué no catalogar, ordenar, clasificar y dictaminar toda la producción cinematográfica? En definitiva, ¿por qué no volver a la censura, progresista por supuesto?

A veces es difícil diferenciar el despotismo ilustrado de la memez.

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