Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Pensión Ponzi

EL Esquema Ponzi, más conocido como "estafa piramidal", es una operación fraudulenta en la que se prometen altos intereses a particulares por la cesión sus ahorros. Durante un tiempo, se pagan esas rentabilidades muy por encima de la media del mercado, pagos que se hacen con los dineros que van llegando de otros engañados que acuden al panal de rica miel. Al final, la trama urdida por el estafador -considerado un mago de la inversión por sus afectos, que a su vez se creen gente con criterio y relaciones- se evapora con la plata, y los últimos y penúltimos en morder el anzuelo pierden todo su dinero para siempre. La base del asunto es precisamente atraer a muchos inversores, que funcione con rapidez el boca-oreja entre parientes y allegados. Que la gente, valga la expresión, se ponga cachonda y sienta el veneno de la codicia en vena. Aunque tenga que hacer profesión de fe en la revalorización sin límite de sellos o árboles por nacer. O, ya en Manhattan, te cuele Madoff unas estructuras complejas que danzan por el mundo dando exuberantes réditos a unos pocos inversores de élite, a la postre desplumados. O que un tipo simpático y granuja de tu provinciana ciudad, un Carlo Ponzi sandunguero, te diga que te vas a forrar porque él, entre romería y sarao, maneja -"por ser para ti, Pepe, corazón"- la alquimia de la pasta gansa. Y tú lo creas. Ha sucedido incontables veces, y volverá a suceder. Al tiempo.

De hecho, lleva sucediendo mucho tiempo con las pensiones en este país con una estructura demográfica envejecida y pocos cotizantes. A alguna cohorte generacional -algunos millones de españoles de cierta edad algo mayor y menor que la mía propia- no le salen las cuentas. Muchos cincuentones llevan 25 años cotizando mes a mes, año tras año, y van a cotizar todavía diez o quince años más. Pero ese dinero no será para darle a él o ella una paguita desde su jubilación hasta su retiro final y gloria: es para dárselo a los que se jubilaron antes. Es justo. Pero resulta que cuando ese pagano se retire a sus nietos, su música o su dominó no va a haber dinerito en la hucha. Ni cotizantes que coticen lo suficiente para tanto vejete. Sólo clavando a impuestos a los activos, o a base de déficit, que no es lo mismo pero es igual, se sostendría el asunto. No es una estafa, pero sólo porque no ha habido voluntad fraudulenta. Por lo demás, un Ponzi como una pirámide. (Al hilo: la Seguridad Social ha sacado esta semana otros 8.700 millones del Fondo de Reserva para pagar pensiones. En este plan, en 2017 la hucha está vacía.)

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