Cuchillo sin filo

francisco Correal

Pequeñeces

ADEMÁS de morirse el mismo día, ¿qué otros paralelismos hay entre Margaret Thatcher y Sara Montiel? Anteayer enterraron a la Thatcher con honores de Saritísima sin películas en la Gran Vía. ¿Qué habría sido de Sara Montiel en la sociedad inglesa? Estamos en una encrucijada de la Amada Invencible que en cuestión de vaqueros le gana por goleada a su competidora: no es lo mismo pasearse con Ronald Reagan, como tantas veces hizo la inquilina de Downing Street, que hacerlo con Gary Cooper o con Burt Lancaster. Después de la creación del Estado de California, que debe su nombre a un personaje del Amadís de Gaula citado en el Quijote, la presencia de Sara Montiel en Hollywood es el hecho más relevante de La Mancha en aquellas latitudes. ¿Qué habría sido de una mujer como Margaret Thatcher en España? Ya sabemos lo que dio de sí en su país. Dice Juan Salas Tornero que si no hubiera sido por la Thatcher, Inglaterra sería hoy un país como Portugal.

Esta falsa rivalidad entre mujeres reedita la no menos falsa competencia entre Cervantes y Shakespeare, dos genios que mueren en 1616 y cuyo legado florece con la celebración del día del Libro. Las dos eran hijas de tenderos. La primera aparición de Sara Montiel fue cantando una saeta desde un balcón encima de la tienda de su familia en Orihuela. La emisora M80 dedicó la otra noche un espléndido programa conducido por Mónica Ordóñez a la música de la era Thatcher. Saetas de Spandau Ballet, The Smiths, Duran Duran, UB40, alegatos contra la primera ministra con una enjundia y calidad dignas del Vázquez Montalbán de "contra Franco vivíamos mejor".

Radio Clásica de Radio Nacional de España dedicó su emisión de música de cine a partituras de películas de Sara Montiel, desde Locura de amor y Pequeñeces, prodigios musicales de Juan Quintero con dirección de Juan de Orduña, al Lejano Oeste de la música de Victor Young para la película Yuma, dirigida por Samuel Fuller. Terminó el programa con el tema estelar de El último cuplé. El romance con el torero frustrado por una mortal cogida, la emoción contenida en ese himno, Pisa con garbo..., me trasladaba al Marinero de luces que Perales le escribió a Isabel Pantoja para sublimar el luto por Paquirri. Del último cuplé al maldito parné que dejó a la tonadillera del Tardón a socaire del populacho, del escenario al patibulario.

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