Visto y oído

Antonio / Sempere

Perdedores

CUANDO se acaba el dinero, el amor es lo primero que sale por ventana. Lo dicen los responsables de Ajuste de cuentas, ese formato coach que inició su tercera temporada en Cuatro. Viendo la primera de las nuevas entregas, y siendo testigos de la desesperación con las que las familias se derrumban literalmente delante de las cámaras, la primera impresión es la de estar asistiendo más a un reality que a un programa de coach al uso. Y que Vicens Castellano no va a ejercer esta vez tanto de entrenador personal como de psicólogo. Pero es que al final todo se entrelaza, y la mixtura de géneros, en esta televisión pegada a la calle, a lo que le ocurre a la gente corriente, es un hecho.

Ajuste de cuentas comenzó dando consejos para mejorar la economía familiar. Pero a estas alturas de su trayectoria se ha adentrado en ese núcleo de personas pertenecientes a la clase media, que por los efectos de la crisis, se han visto inmersos en una espiral sin salida. Algunos, como la familia Mármol, han llegado a deber novecientos mil euros. Pero la mayoría de quienes comparecen en el espacio proceden de un estrato social medio. Han perdido el trabajo y se han visto en la más absoluta miseria, refugiándose en casa de familiares con los que casi habían perdido el trato, con la consiguiente violencia. "La situación no es drástica, es la siguiente a drástica", matizan sus responsables.

Si algo queda claro en esta nueva entrega de Ajuste de cuentas es que en nuestro país no hay cultura económica. Que mucha gente gasta por encima de sus posibilidades. Y no saben, ni quieren saber, cuánto deben al banco. Son perdedores en toda regla. Que por perder, han perdido lo principal: la ilusión por seguir adelante.

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