Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Peronismo vasco

LAS últimas semanas nos han ofrecido buenos augurios sobre la unidad de los demócratas contra el terrorismo y sus cómplices. Zapatero ha puesto de portavoz a un ex ministro del Interior, de su completa confianza: José Antonio Alonso. Ser ex ministro del Interior es un grado. No recuerdo ninguno, ni de Suárez, ni de González, ni de Aznar, ni de Zapatero que no diese bien en las encuestas de popularidad. Un puesto difícil, el de máxima responsabilidad en la lucha contra el terrorismo, y un pueblo español comprensivo con los sinsabores del cargo. Incluso Ángel Acebes cayó en desgracia para muchos por su torpe intento de adjudicarle a ETA la autoría de la matanza del 11-M, pero no durante el desempeño de la cartera de Interior.

Alonso tiene un perfil y una experiencia que ofrece garantías de consensos con el resto de grupos políticos. Y ese acuerdo es particularmente necesario en el caso del Partido Popular. Si Zapatero ha aprendido muchas cosas en sus primeros cuatro años de presidente, seguro que sabe que no puede emprender estrategia alguna antiterrorista sin el principal partido de la oposición. Su petición de apoyo parlamentario a un eventual diálogo con la banda, si se daban unas condiciones precisas, estuvo bien encaminada, pero fue un error llevar a cabo su plan sin el concurso del PP. Es deseable que la cerrazón de los populares en este asunto durante la anterior Legislatura no se repita ahora. El nombramiento de Soraya Sáenz de Santamaría, persona preparada y dialogante, y los nuevos modos que quiere imponer Rajoy en su partido prometen tiempos de acuerdo en la lucha antiterrorista.

Aunque la renovación del PP le puede costar algún dolor de cabeza a su presidente. A veces este partido recuerda los tiempos en que se hicieron con el poder en AP el cordobés Antonio Hernández Mancha y otros abogados del Estado como los gaditanos José Ramón del Río o Miguel Arias Cañete. Cuando terminaron de deshacerse de los tiranosaurios de la época de Fraga, llegó Aznar y se encontró el partido despejado. Ahora hay elefantes de la era Aznar que se resisten a abandonar el campo.

Hay otras buenas noticias en el dossier ETA. La Audiencia Nacional ha reabierto el caso contra la alcaldesa de Hernani, de ANV, por enaltecimiento del terrorismo. Y el presidente del PNV ha desautorizado a Joseba Egibar y ha prometido los votos de su partido para desalojar a otra alcaldesa de ANV, la de Mondragón, que se negó a condenar el asesinato del ex concejal socialista Isaías Carrasco. Al Partido Nacionalista Vasco le pasa como al peronismo argentino: son movimientos que logran tanto poder y durante tanto tiempo que acaban creando un abanico de facciones, desde las más conservadoras a las más radicales. Los soberanistas, como Egibar e Ibarretxe, deberían saber ya que hay muchas maneras de ser cómplices del terrorismo asesino.

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