la tribuna

Olga Gómez Ortiz

Personas resilientes y psicología positiva

UNA ruptura de pareja, una discusión en el trabajo, el fallecimiento de alguien querido, una difícil situación económica o un desastre natural.... La vida alberga vicisitudes, dificultades, problemas y acontecimientos más o menos negativos o traumáticos que se intercalan, e incluso rompen, con momentos de felicidad o de simple estabilidad, amenazando nuestra salud física y sobre todo mental. Ante estos acontecimientos y circunstancias, algunas personas se derrumban y otras no. Algunas personas hacen de ello un motivo de crisis en sus propias vidas y otras no. Hasta ahora, la psicología tradicional se ha ocupado del trauma o las dificultades, desde posiciones clínicas, que observan a las personas como posibles candidatos a la psicopatología. De hecho, la psicología clínica ha dedicado la mayor parte de sus investigaciones a esta parte de la población que presenta síntomas psicológicos y/o conductas desadaptativas que merman su calidad de vida.

Pero, como se ha dicho, también encontramos personas capaces de superar lo negativo, de seguir hacia adelante con más o menos esfuerzo y continuar con su vida adaptándose a lo que acontece en ella, procurando evitar consecuencias peores. Estas últimas personas son a las que llamaríamos resilientes.

En ciencias sociales el término resiliencia se conoce desde hace tiempo, no obstante, ha sido en los últimos años cuando ha cobrado más relevancia su estudio, a partir del auge de la psicología positiva. El propósito de la psicología positiva es ampliar el foco de la psicología clínica tradicional, centrándose en mejorar la calidad de vida de las personas a partir de la prevención de la aparición de trastornos mentales y patologías y la construcción de competencias.

La resiliencia surge como un concepto de investigación dentro de la psicología positiva, que hace referencia a la capacidad de adaptación del ser humano, tras haber vivido una situación de adversidad o traumática. El enfoque de resiliencia considera que las personas no se encuentran desarmadas ante los riesgos a los que la vida nos expone, sino que existen "escudos protectores" que atenúan los efectos negativos derivados de los mismos y nos permiten superar las circunstancias adversas.

Con todo lo dicho hasta aquí, la siguiente pregunta que surge es la relativa a las causas que permiten a estas personas adaptarse a sus experiencias adversas e incluso encontrar beneficios en ellas. En general, la mayoría de las investigaciones se han centrado en la exploración de los factores de tipo individual, y suelen coincidir en que la capacidad resiliente está relacionada con factores como la alta autoestima, el humor, el optimismo, la capacidad de afrontamiento activa, la independencia y autonomía, la inteligencia y la empatía, entre otros. Sin embargo, los resultados del trabajo investigador son heterogéneos y hay que interpretarlos con cautela.

Actualmente están apareciendo investigaciones que tienen como objetivo el descubrimiento de los factores familiares y sociales que son relevantes al respecto. En este sentido, está demostrándose que la cohesión familiar, el adecuado clima de la convivencia, la existencia de apoyo y comunicación entre los miembros de la familia, una adecuada distribución de roles y funciones en el grupo que toda familia es, la presencia de al menos una persona significativa en la vida del individuo, así como la existencia de apoyo social en forma de amistades o compañeros de trabajo o colegio, son factores muy importantes para la construcción de esta cualidad psicológica de los individuos.

Esta información resulta muy interesante, ya que su conocimiento permite la creación de programas de intervención que podrían aplicarse a los hijos y especialmente a los padres para que orientaran el funcionamiento familiar y la crianza de los hijos hacia las pautas propuestas, de forma que los que están en proceso de desarrollo, puedan adquirir las habilidades y potencialidades necesarias para promover su resiliencia. Esto podría tener repercusiones importantes, ya que de aplicarse dichos programas, podríamos lograr la reducción de las consultas por salud mental al lograr que las personas reaccionaran de forma adaptativa frente a los avatares de la vida. Este será el objeto de trabajo de una investigación que planeamos desplegar en la Universidad de Córdoba trabajando el clima y la convivencia familiar desde una perspectiva de psicología positiva, para estudiar el componente que denominamos resiliencia.

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