Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Pesadillas

GORDON Ramsay, escocés, con pinta de arrasar chiringuitos en Torremolinos. Criado en Inglaterra, pudo ser un pelotero de los buenos, pero acabó estudiando Turismo y se convirtió en una estrella de las vitrocer-ámicas. En el 2000 fue declarada chef del año en el Reino Unido, lo que a estas alturas no sabemos si es un dato para tener en cuenta. Gordon tiene una aire a lo Nick Nolte cuando despachaba kilos de leñador y sus muecas de desagrado hacen dar un paso atrás a quien sea.

Este tipo es el protagonista de Pesadilla en la cocina, que Antena 3 tiene previsto adaptar para España. Es un docu-reality que ofrece Nova en el que el chef escocés se escapa de su modélico restaurante y empieza a poner orden en aquellos negocios ruinosos donde se le requiere. El terapeuta de los menús indigestos gasta modos expeditivos con las plantillas y se convierte en el azote de los cocineros perezosos, indolentes, chapuceros, o que son todo a la vez. De lasañas pringosas y asados churruscados, Ramsay es capaz de motivar para que se logre un trabajo de cocina más que potable, a un ritmo de trabajo eficiente y rentable, para que el cliente tenga ganas de regresar al hasta entonces decrépito garito. Gordon a veces lo consigue de pleno y en alguna ocasión ha dejado por imposible al mesón por rescatar.

Al jefe de Pesadilla en la cocina le ha acompañado muchas veces la polémica porque, alejado de los moditos zen de Guardiola y de la inspiración de Adriá, entiende que sólo con presión, métodos y disciplina se pueden conseguir resultados. Alguna víctima se cabrea y más de un arguiñano de pacotilla ha lloriqueado, pero el falso hooligan de Gordon Ramsay actúa con toda la razón del mundo. Sin esmero no hay paraíso. Y sin pundonor ni siquiera hay nómina. La única receta para salir adelante es la de Gordon: currelar y apretar los dientes.

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