La esquina

Pesimistas y desconfiados

EL barómetro de opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), elaborado a partir de una muestra de 2.468 ciudadanos encuestados, refleja un empate técnico en la intención de voto entre el PSOE y el PP si ahora se celebrasen elecciones generales. Equis en la quiniela electoral, pues.

Lo relevante es que esta igualdad se produce tan sólo cinco meses después de las últimas elecciones reales, las del 9-M, en las que Zapatero se impuso con claridad a Rajoy. Ahora ZP suspende en la valoración de la gente. Por vez primera en la legislatura. Sería raro encontrar precedentes de un deterioro tan acelerado en la historia democrática española.

La causa fundamental radica en la economía, claro está. El sondeo se ha hecho en julio, precisamente el mes en el que las malas noticias económicas se han pisado unas a otras, sin dar respiro, conformando un panorama francamente desolador, aunque muchos españoles -los que ahora pueden marcharse de vacaciones- han dejado la preocupación para septiembre, regalándose una especie de tregua psicológica, como aquel lord inglés al que el mayordomo le avisaba de que se estaba incendiando su mansión y él replicaba, flemático, que qué disgusto se iba a llevar cuando regresara de su estancia en Londres.

Lo que no espera a septiembre es el pesimismo, que ya se ha instalado en la conciencia nacional: dos de cada tres españoles opinan que dentro de un año la coyuntura económica estará peor que hoy. La crisis económica, que hace un año no figuraba entre las cuatro preocupaciones principales de los españoles, está ya la primera, seguida del paro, que al fin y al cabo es una manifestación de aquélla. Pesimismo y, consiguientemente, desconfianza general en la clase política. Por eso no aprueba Zapatero, y tampoco Rajoy.

Y tampoco aprueba Chaves, según revela el Estudio General de Opinión Pública de Andalucía que realiza un centro de análisis granadino más bien amistoso con la Junta. El suspenso de Chaves resulta llamativo: no ha ocurrido nunca. Ni en las elecciones a las que ha concurrido más desgastado (las de 1994) ni en los cientos de sondeos que han jalonado su larga andadura como presidente Manuel Chaves ha sido suspendido por sus compatriotas. Y detrás de todo esto sigue estando esa crisis a la que se le negó el nombre: siete de cada diez andaluces desconfían de las recetas económicas de su Gobierno regional.

Si hacemos caso de los sabios dictámenes de Zapatero, con este pesimismo a cuestas no vamos a crear un solo puesto de trabajo y, encima, estamos en peligro de que nos tilden de antipatriotas.

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