Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Pioneros

VITO Corleone tuvo que hacer volar muchas seseras para que sus nietos pudieran tener un patrimonio inmaculado y una educación de élite. Él era un personaje de la novela de Mario Puzo que la Paramount y un Coppola treintañero llevaron a la cima del cine con dos películas monumentales, pero la ficción no hacía más que representar la pura realidad: de la miseria al crimen, y de ahí al establishment y la centralidad pública, de la mano de policías y jueces sobornados, abogados y asesores financieros de prestigio y otros lavanderos sociales necesarios. Enfocando más cerquita, cuando Esther Lago, mujer del narco Laureano Oubiña, iba a diario en chándal a la sucursal de sus bancos en un pueblo de las Rías Baixas con una bolsa de plástico repleta de billetes de todos los colores, su bancario la recibía como a una señora y le ingresaba la enésima morterada. Llegó un momento en que el descaro humillaba -y hasta fagocitaba- a la Guardia Civil, y dolía a la Agencia Tributaria y a las madres de muchos toxicómanos. Y el mal, como hace el agua, buscaba otra salida: aparte de cochazos y pazos y lujo más o menos hortera pagado siempre en billetes, los narcos comenzaron a utilizar a terceras personas como hombres de paja: esposas e hijos, y no pocas amantes y yonquis (Mario Conde prefiere como testaferro a un atlético profesor de esquí, es cuestión de estilos). Lo siguiente fue constituir una offshore en Panamá.

Porque los pioneros en montar sociedades opacas con las que ocultar y/o blanquear dinero fueron los grandes traficantes gallegos (concedamos una frase consabida a los sepulcros blanqueados técnicos: no todas las offshore tienen origen criminal y -qué cosas- tampoco son ilegales). Oubiña, Miñanco y demás, bien asesorados por trasuntos del abogado cocainómano que interpreta Sean Penn en Atrapado por su pasado, fueron por delante. Como informa esta semana Susana Luaña en La Voz de Galicia, el propio Oubiña se casó, aparte de con Lago, con la panameña Odalys Rivera, y vivió -puro amor romántico, compromiso y proyecto de futuro- varios años en el país centroamericano. Ahora, estos tipos retratados con desquiciado esperpento en Airbag, El Padrino proyectado en un espejo del Callejón del Gato, sienten el aliento de la ley en el cogote, y, encogidos, vuelven a los coches, los homenajes varios y los testaferros. El eterno péndulo. Quizá nuestros artistas y hombres de negocios retratados en Panamaleaks -cuánto une a los extremos y qué transversal es la evasión fiscal- también seguirán la senda de regreso de los pioneros.

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