Fragmentos

Juan Ruesga

Plaza de Santa Isabel

HACE unos días apareció la fuente de la Plaza de Santa Isabel con el vaso superior roto en varios fragmentos. El hecho, aunque grave, puesto que cualquier ataque contra los elementos de la ciudad lo es, me afectó personalmente. Primero, como sevillano que ve amenazado un bello rincón de nuestra ciudad. Segundo, como hijo del barrio de San Marcos que se siente muy vinculado a esas calles, plazas y edificios. Y tercero como arquitecto, porque la Plaza de Santa Isabel, donde unos inconscientes han roto la fuente, está presidida por la portada del Convento del mismo nombre, proyectada y labrada por Alonso de Vandelvira, un gran arquitecto andaluz, hijo del genio de la arquitectura del Renacimiento en Andalucía, Andrés de Vandelvira.

La importante obra de Alonso de Vandelvira se extiende por nuestras ciudades, con especial significación en Cádiz, Jerez y Sanlúcar de Barrameda. Pero en lo que hace referencia a Sevilla, baste recordar, entre otras obras suyas, la Iglesia del Sagrario, para que todos los sevillanos tuviéramos hacia este artista un especial respeto y admiración. Pero es en el Convento de Santa Isabel de Sevilla, donde realiza una de las portadas más bellas de nuestra arquitectura. Allí aparece suave y luminosa, como aplicada sobre el inmenso muro de la iglesia conventual, todo equilibrio y serenidad. Organizada con un gran hueco central de medio punto, con finas columnas corintias y bellas hornacinas. Sobre este primer cuerpo, un nuevo orden manierista, culto y brillante, con claros ecos de Andrea Palladio, enmarca un magnífico altorrelieve, con la escena de La visitación de Santa Isabel, tallado por Andrés de Ocampo, el gran escultor e imaginero, de cuyas manos han salido importantes retablos de las iglesias de Sevilla. Basta decir que es el autor del Cristo de la Fundación, de la Hermandad de los Negritos, para que cualquier sevillano entienda su importancia como artista.

Desde que era niño y recorría la calle Santa Paula, siempre me llamó la atención el contraste entre la sencillez de la vida del barrio y la grandeza de algunos de los edificios del mismo. La mayoría de ellos, iglesias y conventos, estaban casi siempre cerrados y eran las torres y espadañas las que se mostraban. Pero sobretodo, eran las portadas las que centraban mi admiración y daban pie a mil y una conjeturas. Desde entonces siento fascinación por Santa Isabel. Todo el barrio nos abruma y acoge con su magnífica arquitectura, San Luis, Santa Paula, San Marcos. Y un poco más allá, Santa Marina, San Julián, los Terceros, etcétera.

Éste es el entorno, en el que al pie de las importantes obras de Vandelvira y Ocampo, fue rota la fuente de la plaza de Santa Isabel. Pudo ser un acto fortuito, un juego sin gracia que termina mal. Pero un escalofrío recorre el cuerpo, al pensar que pudo ser deliberado y que también las obras maestras de la portada fueran agredidas. Siempre pensamos que si los que rompieron la fuente supieran cual es la importancia artística del entorno en el que están, quizás se comportaran de otra forma. O quizás no.

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