La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Pobre tierra política

En producción de talento político municipal el suelo de Sevilla oscila entre lo pobre y lo árido

En estas fechas muchos, muchísimos sevillanos quieren venir al centro. Pero este se ha peatonalizado en gran parte sin la única alternativa útil de transporte, que es el metro. Y el Metrocentro no llega hasta la Plaza Nueva porque la pésima peatonalización de la Avenida no previó la regulación del flujo de peatones. Hubiera sido facilísimo mantener y ampliar las aceras dejando un carril central para el tranvía. Pero, junto con los árboles, las aceras se han convertido en el enemigo público número uno de este y anteriores Ayuntamientos. En los días normales el centro de la Avenida está desierto porque los peatones siguen circulando por donde estuvieron las aceras. Y los días de gran afluencia de público la colmata una masa humana sin orden de circulación que obliga a suspender el Metrocentro.

Nunca ejecutada una política de aparcamientos, limitado el tráfico, suspendido el Metrocentro y sin metro, los ciudadanos se vuelcan en lo único que les queda, los autobuses. Pero entonces esta alternativa falla por insuficiencia de vehículos y conductores o por mala planificación de los gestores. Y el resultado es el previsible: larguísimas colas, autobuses abarrotados, cabreo de los usuarios y, por desgracia, incidentes en forma de insultos a los trabajadores -que ninguna culpa tienen y siempre pagan el pato- llegándose al extremo de un intento de agresión en la línea 20 con rotura de la mampara del conductor. Cosas injustificables por muchas razones que tuvieran los ciudadanos para cabrearse.

Las medidas tomadas por el Ayuntamiento han sido insuficientes para lo que, según sus cifras, ha sido el 8 de diciembre con mayor demanda de transporte de los últimos años: un 17% más que en 2014, el año de mayor demanda desde que se tienen datos, un 36% más que en 2015 y un 20,8% más que en 2016. Sin metro, la peatonalización y las restricciones puntuales del tráfico suponen el estrangulamiento del centro, tanto para los residentes como para los visitantes. Si a ello suma el turismo masivo se produce una situación que exige más eficaces gestores. Por desgracia hemos tenido los que hemos tenido y tenemos los que tenemos. En producción de talento político municipal el suelo de Sevilla oscila entre lo pobre y lo árido. ¿Pesimista? Repasen la nómina de alcaldes. Han hecho poco y mal o mucho y peor, convirtiendo lo bueno en malo por la cara torpeza de su ejecución (Encarnación, Avenida, Alameda, etc.).

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