en tránsito

Eduardo Jordá

Pocos lectores

ESTOS días en que se celebran las ferias del Libro, he estado hablando con algunos libreros. Las ventas están bajando, pero lo que más les preocupa es que los lectores jóvenes apenas compran libros. "Ni se acercan a las casetas: parece que les asustan los libros", me dijo un librero.

Aunque mucha gente no le dé importancia, el hecho es preocupante. Yo estoy convencido de que la incapacidad del Gobierno de Rajoy para construir un relato adecuado de lo que está pasando se debe a su espeluznante indiferencia hacia la lectura. Mariano Rajoy se jactó en cierta ocasión de que sólo leía el Marca, y lo grave es que decía la verdad. Y lo mismo podría decirse de casi todo su Gobierno. Y eso explica que carezca de cualquier habilidad para construir un relato argumentado. Cada vez que intentan explicar algo, los ministros improvisan, se contradicen y acaban confundiendo a la opinión pública. Zapatero era igual de desastroso, pero al menos fue capaz de construirse un relato propio. Era un engaño morrocotudo, por supuesto, pero a él le funcionó. Se ve que le gustaba leer mucho más que a los políticos del PP.

Digo esto porque los bajísimos índices de lectura tienen una relación directa con nuestra crisis actual. Somos una sociedad que ha preferido tirarse en el sofá a ver Gran Hermano o que se ha gastado el dinero -cuando lo había- comprando coches de lujo o relojes de cinco mil euros. Ya sé que hay muchas excepciones, pero todos conocemos a gente que ha hecho cosas así. Leer libros no le garantiza a nadie que vaya a ser mejor persona -Hitler y Stalin eran lectores voraces-, pero al menos suele inculcar ciertos hábitos de austeridad y de sentido común. Un buen lector ama el silencio, la reflexión y la intimidad. Y por la misma razón, desconfía del ruido, los cohetes y la ostentación social. Y cuando un país lee poco, está condenado a despreciar a sus mejores ciudadanos y a dejarse arrastrar por los peores. Es lo que nos ha pasado.

Finlandia, Canadá y Corea, por citar tres países muy alejados de nosotros, son sociedades prósperas que están a la cabeza en I+D. Pero esto es así porque sus alumnos tienen mucho mejores rendimientos en matemáticas y en lenguaje que los nuestros. En cambio, nuestros índices de lectura son tan bajos como los de Italia, Grecia y Portugal, y eso nos explica por qué somos una sociedad que ha llegado al borde de la bancarrota. Y por cierto, nunca he visto una manifestación contra el fracaso escolar entre los sindicatos que se manifiestan a favor de la enseñanza pública. Ya va siendo hora de que la hagan. No sólo hay que protestar contra los recortes. También hay que protestar contra el sistema educativo que ha hecho posible nuestro estrepitoso fracaso, empezando por la lectura.

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