EL secretario de Proceso Constituyente y Programa de Podemos, Juan Carlos Monedero, considerado el número tres en la jerarquía del nuevo partido, ha regularizado su situación con Hacienda tras presentar una declaración complementaria a la que había realizado con respecto a sus ingresos extraordinarios del año 2013. Monedero recibió un encargo de los gobiernos de Venezuela, Nicaragua y otros del llamado eje bolivariano en su condición de experto en Ciencias Políticas, aunque el contenido del trabajo consistía en un informe sobre las posibilidades de unión monetaria entre dichas naciones latinoamericanas, integradas en la alianza ALBA. Percibió por su asesoramiento 425.000 euros en 2013, pero lo hizo a través de una sociedad mercantil creada por él mismo y carente de otras actividades y de empleados, con el aparente propósito de eludir la declaración al Fisco de estos ingresos como persona física (IRPF), que es como los había cobrado, lo que le habría obligado a hacer frente a una carga impositiva considerablemente superior a la que afrontó por su primera declaración fiscal, centrada en la citada sociedad mercantil. El truco del líder de Podemos quedó al desnudo al conocerse que la Agencia Tributaria iba a abrirle un expediente sobre este pago de impuestos, a lo que Monedero reaccionó en primer lugar negando cualquier irregularidad, pero optando con posterioridad por presentar una declaración complementaria, que se hizo pública ayer sin mucho detalle, para poner en orden su relación con el Fisco. Fieles a la aplicación de la doble vara de medir, los dirigentes de Podemos han cerrado filas con su número tres, denunciando la supuesta persecución política de que son objeto y pretendiendo zanjar el escándalo con la declaración complementaria tardía que Juan Carlos Monedero ha realizado. Pero el escándalo le persigue, inevitablemente. El partido que ha nacido con la vocación declarada de convertirse en azote de los privilegios de la casta política y cuyo mayor atractivo para un sector amplio de la población es precisamente su voluntad de acabar con la corrupción y limpiar la vida pública se ve envuelto en una polémica que deriva de la actuación de uno de sus máximos líderes, cazado en maniobras de ingeniería fiscal propias de corruptos y aprovechados de lo público. Es un duro golpe a la credibilidad de Podemos el que ha propinado Monedero. La escrupulosidad en el cumplimiento de los deberes con Hacienda afecta a todos los ciudadanos, pero muy especialmente a responsables públicos de organizaciones que presumen de ética y civismo. ¿Con qué cara van a exigir a otros lo que no se exigen a sí mismos?

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