La ciudad y los días

carlos / colón

Podemos ser la Venezuela europea

EL profesor José Carlos Díez escribía el pasado jueves: "La primera semana de Gobierno de Syriza ha superado todos los pronósticos más pesimistas… Grecia estaba al borde del precipicio y Tsipras ha decidido dar un paso al frente. Si quiere salirse del euro, abandonar la Unión Europea y convertirse en la Cuba de Europa, consiguiendo que los rusos les subvencionen gas y petróleo, condenando a la sociedad griega a la pobreza, su estrategia es óptima" (El País). Estaría bien un Mediterráneo con Grecia como la Cuba de Europa en una punta y España como la Venezuela chavista en otra. Sería un gran avance. Solo faltaría que Le Pen ganara en Francia y que, al oír lo de la marcha sobre Madrid, a los populistas italianos de izquierdas, de derechas o del bunga-bunga se les pusieran las orejas tiesas recordando otra marcha, la del 22 de octubre de 1922.

Italia es un espejo más cercano a nosotros que Grecia. No se olvide que el centro izquierda del Partido Democrático logró sólo el doble de votos que el Movimiento 5 Estrellas. Puede parecer mucho, pero es muy poco si se considera que este Movimiento es un partido populista fundado en 2009 por el cómico Grillo, mientras que el Partido Democrático une los restos de tres grandes partidos fundados por nombres históricos como Gramsci, Turati y De Gasperi en 1892 (PSI), 1921 (PCI) y 1942 (DC). Y que los tres desaparecieron entre 1991 y 1994. Todo puede pasar en política.

Los españoles deben recordar el destino de estos tres partidos a la hora de votar. Salvo que quieran vivir en la Venezuela de Europa y arriesgar más de tres décadas de progreso y libertades. Esto, frente a lo que dicen los telepredicadores de extrema izquierda, no es meter miedo. Lo que da miedo es oír: "Querer a Chávez nos hace tan humanos, tan fuertes… He amanecido con un Orinoco triste paseándose por mis ojos y no se me quita. Fuerza Hugo. Aguanta" (Monedero). O: "Cuando acabemos con esta charla en vez de mariconadas del teatro nos vamos de cacería a Segovia a aplicar la justicia proletaria" (Iglesias). Dado que estas y otras declaraciones de estos líderes han sido suficientemente difundidas, los miles de manifestantes que respondieron ayer a su convocatoria las dan por buenas. Y esto sí da miedo. Como ha escrito Antonio Elorza, la tradición histórica sitúa en su lugar estas marchas que "se orientan a crear el efecto-mayoría para la exaltación de un líder".

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