La tribuna

abel Veiga

Podemos: cíclopes, gigantes y molinos

PODEMOS ha escenificado su acto de fuerza. Su termómetro particular. Todo en juego. Espadas en alto. Llega la hora de las demostraciones públicas, de las coreografías perfectamente estudiadas. Son los nuevos cíclopes que tratan de erguirse sobre el barro. Entre gigantes y molinos quijotescos en esa gran Mancha que es España y que no definen, sin embargo. Llegaron abriendo tierras y catarsis. De sorpresa. Les ignoraron todos hasta el 25 de mayo. Ahora tratan de desprestigiarles y parar sus ínfulas. Son fruto de su momento y de los vicios y errores, virtudes y aciertos de la sociedad en la que viven. Ni mejores ni peores que los demás. Probablemente igual en actitudes, comportamientos y conductas. Por lo que se desvela de sus comportamientos personales y profesionales, nada distinto a esa casta que aborrecen pero conforman igualmente.

El terremoto político no amaina, pero tampoco cobra fuerza. El suflé no crece. Al contrario. Pero, ¿hasta dónde llegará este tsunami social y político que ha crecido sobre las mareas del descontento, el hartazgo, el cansancio, la desconfianza, la falta de credibilidad de lo tradicional? Mueven las bambalinas de una retórica demagógica y fácilmente aceptable por el ciudadano. Percepciones y emociones, pero no propuestas, no hay debate. Sólo constatación de la rabia y el hartazgo acumulado por los ciudadanos, muchos, no todos, durante estos años de crisis y recortes.

Miles de personas, decenas y decenas de miles, acudieron el sábado a la llamada de Podemos. Populismo, demagogia, lenguaje directo, el que quieren escuchar hoy muchos españoles, se dieron cita en un gran anfiteatro olímpico donde los líderes de la formación -zarandeados en las últimas semanas por presuntos comportamientos tan denigrantes como los que censuran de esa "casta" de la que han salido sin embargo y se acercan precipitadamente-, se crecen, levitan, conectan, vibran y hacen vibrar. El secreto, ninguno, hablar de las cosas por su nombre, desnuda y descarnadamente. Sin propuestas serias, tangibles, probadas y contrastables. Pedagogía emocional. No hay otro. Llegar a las llagas supurantes de una sociedad, una buena parte, que había perdido la ilusión por la política, por los partidos, por el sistema y por valores e ideales democráticos. Unas llagas que escuchan algo más que melodías de Hamelín, y cuentos quijotescos de molinos y gigantes que identifican con las larvas de una corrupción política, institucional, empresarial y social que ha corroído las entrañas mismas de esta sociedad hasta hora silente, pasiva, aturdida por su propio ensimismamiento.

Iglesias, Errejón y, sobre todo, Monedero, el cerebro de las ideologías populistas, son como los corredores que enfilan la recta con su pértiga dispuestos a buscar esos huecos que la recta, el pueblo, deja despejados por tomar impulso y saltar. Doblan la pértiga hasta la extenuación, hasta el límite de su partición y saltan. Una caída sobre un denso colchón de descontento, un magma que ha calado por la soberbia, por los errores, por la falta de explicación de otros. He ahí un grave error de los políticos tradicionales, no querer, no saber, no intentar explicar el por qué de las cosas, o lo que es lo mismo, el por qué de las decisiones, las más traumáticas. Explicar consecuencias de unas causas que otros por irresponsabilidad habían ignorado y diluido en la nada y en la mentira ahogada de ineptitud.

Los miles, probablemente, cientos de miles de ciudadanos, que acudieron a la llamada de ese "cambio" que propugnan sin decirnos ni cómo ni en qué, sobre qué bases y cuándo lo harán, ni siquiera piensan en el enorme esfuerzo que ha hecho el presidente del Gobierno para enderezar un rumbo que nos llevaba al desastre absoluto. Ni en el por qué de sus decisiones, ni en lo que ha significado para muchos, los que han soportado esta crisis, sobre todo las clases más humildes y medias, no las altas. Ellos no votarán al partido del gobierno, y sí de momento a un Podemos que en estos momentos se encuentra en un estado lento de deshinchamiento del suflé.

Dieron la patada en el lodazal, pero no controlan a donde ha ido aún el balón. O eso parece. El lodazal donde los partidos habían instalado el sistema. El bucle. La elipsis donde nada salía y nada entraba. El bipartidismo perfecto que hoy toca a su fin. Quienes les minusvaloraron en mayo y junio de 2014 hoy les han convertido en su rival y adversario directo y único, tanto partido popular, que con eso fagocita y desprecia a los socialistas, que aún pueden necesitarse mutuamente, como los propios socialistas que ven miles de votos huidos y una Izquierda Unida que desaparecerá o quedará instalada en la irrelevancia. Al igual que una UPyD que ve perdido todo su esfuerzo durante la crisis.

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