En tránsito

eduardo / jordá

¿Podemos creerlo?

CUANDO alguien me pregunta por qué no me gusta Pablo Iglesias ni me creo la retórica belicosa de Podemos, le contesto que todo se debe a que vi un debate televisivo, hace ya tiempo, en el que un todavía desconocido Pablo Iglesias, rodeado de conocidos periodistas de la derecha más fascistoide, sacó su nómina de profesor interino y la enseñó a la cámara: 900 euros netos. Aquel día despertó mi simpatía aquel hombre desconocido que se atrevía a meterse en la boca del lobo, defendiendo ideas marxistas -o incluso leninistas- en las tertulias controladas por la extrema derecha. "Hombre, por fin aparece alguien valiente", pensé. "Y por fin aparece un tertuliano que utiliza los conceptos con rigor. Lástima que sean unas ideas tan disparatadas".

Lo malo del caso es que poco tiempo después se hizo público que aquel profesor interino que había enseñado su nómina pelada cobraba 70.000 euros al año por su programa de tertulias en la Tuerka TV. ¡70.000 euros al año! Es decir, lo que cualquiera de nosotros tardamos dos o tres años en cobrar, y eso si tenemos mucha suerte. Y desde entonces, siento decirlo, ese profesor que me parecía valiente y brillante ha dejado de interesarme por completo. Ya estoy harto de gente que dice una cosa y hace la otra, empezando por los dirigentes del PP que tuvieron a Bárcenas durante años en su sede creyendo que era una kentia de plástico. En estos tiempos uno necesita poder fiarse de alguien, porque todos sentimos una especie de orfandad política que nos hace añorar a alguien con quien podamos identificarnos. Y por eso, repito, me decepcionó tanto aquel profesor que yo creía pobre y honrado. Porque uno, se mire como se mire, no puede enseñar una nómina de 900 euros cuando en realidad está ganando lo mismo que ganan los banqueros y los politicastros que está denunciando.

Y ahora llega el caso de Juan Carlos Monedero y sus 425.000 euros. Por supuesto que eso es una nadería al lado de las cantidades robadas por Bárcenas y la trama Gürtel, o por la honorable familia Pujol, o por los ERE andaluces. Pero eso es mucho dinero para que lo maneje un modesto profesor de Ciencia Política que va por la vida con una efigie de Gramsci en la tapa del ordenador. Necesitamos creer en alguien que diga la verdad, o que al menos no necesite esconder la mitad de las cosas que hace. Es así de simple: lo necesitamos. Y Podemos parece tener ya demasiadas cosas que ocultar, aunque nos parezcan ridículas en comparación con otras mucho más graves. Mal asunto.

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