La tribuna

eugenia Jiménez Gallego

¿Podemos ignorar la neuroeducación?

CREO que no. Ni cualquier otra investigación científica sobre cómo enseñar y aprender de forma más eficaz. ¿Por qué? Porque en nuestra sociedad de cambio acelerado tenemos que estar continuamente aprendiendo cosas nuevas. Y sin tener estudios y títulos no hay posibilidad de un buen empleo … ni casi de un empleo cualquiera.

Esto de la neuroeducación consiste, básicamente, en la aplicación de los conocimientos actuales sobre el funcionamiento de nuestro cerebro a la educación, para poder aprender y enseñar de forma más eficiente. El problema es cuando se aplican ideas erróneas, los llamados "neuromitos" que ya en 2002 investigó el proyecto Brain and Learning de la OCDE.

Así, por ejemplo, está demostrado que no existe el "efecto Mozart": los niños no aprenden mejor por escuchar regularmente a este compositor, pero sí cuando tocan un instrumento habitualmente. (Aunque cuidado con los estudios musicales reglados, porque el estrés de combinar los estudios con varias tardes de conservatorio puede tener el efecto contrario). Tampoco es cierto que sólo utilicemos el 10% de nuestra capacidad cerebral: técnicas de neuroimagen demuestran que el cerebro utiliza todos sus recursos ante un problema nuevo. Pero ello no significa que esa capacidad sea totalmente heredada y no pueda modificarse, porque el entrenamiento adecuado sí lo logra. Y se ha demostrado que no es necesario dominar la lengua materna antes de aprender otra, los que aprenden dos a la vez no las confunden y potencian las estructuras lingüísticas de su cerebro para aprender futuros idiomas.

Otras claves de la mejora del rendimiento mental las tenemos muy claras los mediterráneos: sueño nocturno profundo y suficiente, una pequeña siesta y una buena alimentación, especialmente el desayuno, así como "picar" algo a media mañana. El problema es que nuestros adolescentes, que son los que necesitan más horas de sueño debido a sus cambios hormonales, no las disfrutan porque los whatsapp les siguen llegando de madrugada. Así que nos toca pedirles que dejen las pantallas fuera de los dormitorios al dar el beso de buenas noches. Otro descubrimiento interesante es que el ejercicio físico aeróbico (el que no nos agota pero sí nos activa) optimiza el rendimiento mental. Estos hallazgos tienen rápida aplicación para la tarde de cualquier estudiante: breves descansos para incluir actividad física moderada (pasear, sacar al perro…) y algún "bocadito" que mande glucosa a las neuronas.

Más descubrimientos fundamentales: para aprender realmente algo y recordarlo de forma perdurable es necesario que tenga sentido para el aprendiz. La curiosidad abre la atención, que es la puerta para todo aprendizaje. Esto ya se había comprobado en Pedagogía y por ello se desarrollaron la enseñanza por proyectos o el aprendizaje basado en problemas. Pero es que ahora las técnicas de neuroimagen permiten ver que los circuitos cerebrales que se activan con la curiosidad son los que controlan el aprendizaje y la memoria, como el hipocampo. Prestigiosos neurocientíficos como el doctor Francisco Mora nos recomiendan comenzar las clases con un dato provocador o un problema real y promover después que los alumnos pregunten y busquen las respuestas sin que se las demos enlatadas. Los estudiantes pueden asimismo comprobar que aprenden mucho mejor si ellos mismos le buscan sentido y se hacen preguntas sobre lo que estudian. Y si convierten la lección en una película con su imaginación.

Otro hecho conocido hace tiempo es que es hasta los siete años cuando se multiplican las conexiones sinápticas entre neuronas, por lo que la educación infantil resulta clave. Por esa razón cada vez se venden más programas para inundar sus pequeños cerebros con vocabulario, datos históricos… Sin embargo, se ha demostrado que no es ese bombardeo intelectual lo que optimiza las mentes de los niños, sino algo tan espontáneo y barato como el juego libre, gran invento de la naturaleza. Todos estos descubrimientos ponen en entredicho tantas fichas como realizan sin moverse durante horas los críos de parvulario. Y los DVD de Baby Einstein, claro.

También esta demostrado que un medio ambiente estresante (familiar o social) produce incremento constante de hormonas como el cortisol, con efectos negativos sobre el cerebro. Por eso, los neurocientíficos recomiendan tanto en clase como en casa un ambiente agradable y estimulante. Y además, programas de educación emocional, porque concluyen que no es posible separar cognición de emoción y que si las emociones están bloqueadas los niños no aprenden.

Amén.

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