DE POCO UN TODO

Enrique / García-Máiquez

El 'Polipoly'

UN signo de los tiempos es la perfecta confluencia en mucha gente de dos actitudes profundamente contradictorias: por un lado, una sospecha grande frente a todo y, por otro, una ingenuidad sin límites para creerse cualquier explicación peregrina. Balanceándose entre ambas pulsiones, hacen su agosto los autores de novelas místico-mistéricas, los guionistas de expedientes X y los intérpretes de fantasías faraónicas o pitopitagóricas.

Pero antes de ridiculizar esas cosas (que se ridiculizan solas), hay que reconocerles al menos la sagacidad para aprovecharse de un generalizado clima de desconfianza. La sospecha estaba en el aire, y los huracanes que empiezan a desatarse demuestran que la suspicacia en sí tenía bastante fundamento.

En la economía mundial estamos asistiendo al derrumbe o a la desaparición repentina de fabulosas fortunas y de sólidos prestigios, como si se los tragara de un simple bostezo el agujero negro de la mentira que eran. Los grandes gurús de la pasta, con toda la importancia que se daban y que les dábamos, no hacían otra cosa, por lo que vamos viendo, que jugar con papelitos de pega. Que jugárnosla.

Quienes todavía conservan algo de confianza en el sistema se preguntan por qué no funcionaron los controles administrativos y cómo fue posible que los políticos no vieran la crisis que se nos venía encima. Quizá porque, mientras los economistas jugaban al Monopoly, ellos estaban en una partida paralela, que podríamos llamar el Polipoly.

Los papelitos de los políticos son las papeletas. La democracia ha dado en demoscopia y demagogia, y el maquiavelismo es el mecanismo interno del alma de sus profesionales. Su juego es la búsqueda del poder por encima de todo y de todos. Por eso, los analistas y columnistas nos parecemos cada día más a detectives privados o, incluso, a investigadores paranormales: tenemos que adivinar cuáles son las segundas intenciones de los poderosos.

Ahora, con la que está cayendo, se vuelve a rumorear que el Gobierno quiere reabrir la negociación con ETA. Unos aseguran que es imposible, que ZP salió escaldado de su aventura. Otros replican que por qué no disuelve entonces los ayuntamientos de ANV, y para qué tanto exigir el apoyo incondicional de Rajoy, que lo va dando. Yo no digo ni que sí ni que no, sino todo lo contrario. O sea, que estoy harto de políticos dícense que democráticos que van a lo suyo, descuidan lo nuestro y hacen cualquier cosa menos lo que prometieron en sus programas. Qué débil tiene que ser el Poder para que tenga que funcionar siempre en la sombra, obligándonos, qué remedio, a la desconfianza y a la desazón.

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