Tribuna económica

Rogelio Velasco

Políticas públicas para el crecimiento

Ni el aumento del peso del turismo, ni la disminución de la actividad de la construcción, son el resultado de reformas. En ninguno de los dos casos son consecuencia de nuevas políticas públicas.

MÁS o menos de lo mismo, no es el resultado de reformas estructurales. Tiene que ser nuevo, diferente, por la actividad de las empresas, para que den lugar a actividades económicamente sostenibles y que no dependan del gasto público.

Ni el aumento del peso del turismo, ni la disminución de la actividad de la construcción, son el resultado de reformas. En ninguno de los dos casos son consecuencia de nuevas políticas públicas. sólo el aumento de las exportaciones de las empresas, representa un cambio estructural, en la medida en que ese aumento sea sostenido y especialmente cuando se incorporan nuevas pymes a esa actividad exterior. Y esto tiene lugar, fundamentalmente, por las propias políticas de las empresas y sólo en el margen por los impulsos del sector público.

Resulta esperanzador que este país tenga la ambición de construir un sistema productivo que se vaya aproximando al de Suecia o Alemania. Lo contrario sería esperar lo que hoy tienen Grecia, Polonia o Portugal. Actividades de baja intensidad en conocimiento, escasamente competitivas -excepto por los bajos salarios- y poco exportadoras.Volvemos al tan repetido argumento del I+D+i, pero es inevitable. Y aquí es donde las políticas de los gobiernos pueden ayudar de manera significativa. Desconocemos todavía los resultados que se vayan a conseguir de la recién creada Agencia Estatal de Investigación. Como conocemos en este país hasta el hartazgo, una nueva ley, por sí mismo, no soluciona nada. La ley tiene que tener contenido y aplicarse.

Ya hemos visto en numerosas ocasiones el blindaje que distintos parlamentos han llevado a cabo -o tienen la intención de hacerlo- para garantizar la prestación de determinados servicios públicos que se consideran esenciales. Hemos visto también que cuando se sufre una crisis de consecuencias devastadoras, como la que padecemos, no hay garantía posible de blindar nada. La realidad económica, financiera y fiscal se impone.

Además, hay que esperar también la orientación de las políticas que vaya a seguir esa agencia de investigación. Una cosa es que las escuelas de ingeniería de las universidades de Sevilla o Málaga consigan apoyo de la agencia para desarrollar nuevos productos y que empresas como Abengoa pueda aprovecharlos y creen empleo de calidad, y otra distinta es que financien proyectos, de manera desproporcionada, hacia asuntos que nunca vayan a aprovecharse en términos de productos y de empleos por parte de las empresas.

Por estos motivos, la insistencia del Fondo Monetario Internacional -que vuelve a hacerlo en el World Economic Outlook, publicado ayer- o de la UE de llevar a cabo reformas estructurales que se concretan solo en el mercado de trabajo, es limitada desde sus orígenes. Este tipo de reformas da lugar a un aumento anual en el número de horas trabajadas. En un país con un 20% de desempleo, esto es muy bien venido. Pero vemos también la falta de continuidad del empleo y, en consecuencia, la escasa inversión en formación de los empleados, y los salarios miserables que muchos de ellos están percibiendo.

Tener la ambición de acercarnos a Suecia, es admirable. Pero con este funcionamiento del mercado de trabajo y el escaso conocimiento incorporado a lo que fabricamos, es imposible.

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