Sine die

Ismael / Yebra

Poner en valor

ME llama la atención lo volubles que somos los seres humanos y lo que tendemos a imitar conductas y expresiones. De la misma forma que los niños imitan a los mayores en su manera de hablar, de gesticular o de andar, los adultos, que somos en el fondo niños grandes, copiamos comportamientos y expresiones de personas a las que admiramos o les suponemos una clarividencia que quizás no tengan.

De buenas a primeras, sin saber como han llegado, como el dicho aquél de la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido, determinadas palabras más o menos ortodoxas ocupan las portadas de los periódicos y los informativos de radio y televisión, invadiendo por un tiempo el lenguaje coloquial. Que son modas no hay duda y prueba de ello es que desaparecen para siempre de la misma forma abrupta que llegaron.

Sin remontarnos demasiado en el tiempo recordemos los adjetivos pertinaz y pequeño que precedían siempre a la sequía y a un tal Nicolás. Ningún medio de comunicación se planteaba que la sequía fuera persistente en vez de pertinaz que, en realidad, significa tozuda, terca o testaruda, calificativo que es adecuado para personas o animales, pero no para un fenómeno natural. Tampoco nadie era lo bastante original como para decir el joven o el intrépido, en lugar de el pequeño Nicolás.

Actualmente hay dos palabras que dominan los titulares y el lenguaje de los inefables tertulianos: Brexit y sorpasso. Me gustaría salir a la calle y preguntar a la gente si sabe lo que significan, pero no lo hago por no perder la fe en más de uno. La semana que viene, pasada la oportunidad y la rabiosa actualidad, ambas palabras pasarán al ostracismo. Ya nadie se acordará de ellas y a los que se acerquen por las hemerotecas dentro de unos años les resultará difícil entender el significado de estas expresiones. Desparecerán como por encanto, como sucedió con otra palabra que nos martilleó el cerebro durante unas semanas: chapapote. Gran descubrimiento léxico venido de ultramar.

Pero la estrella que domina el panorama en la actualidad es poner en valor. Las cosas no se venden ni se enseñan ni se explican, sino que se ponen en valor. Las ciudades no se promocionan ni las artesanías se apoyan, sino que se ponen en valor. Ante tanta y tan absurda palabrería propondría rescatar -perdón, poner en valor- algunas que han quedado obsoletas como bondad, generosidad, humildad o prudencia.

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