La ciudad y los días

carlos / colón

Populismo y democracia

SE suele creer que la democracia procura la prosperidad y el bienestar de los pueblos, cuando en realidad es resultado de ellos. Si la mayoría del pueblo ruso hubiera gozado de condiciones aceptables de vida bajo el zarismo, la revolución no habría estallado. Si tras la Primera Guerra Mundial los gobiernos no se hubieran sucedido en Italia al ritmo de uno por año, la frustración de los ex combatientes y los parados hubiera obtenido respuesta, las condiciones de vida de los trabajadores no hubieran sido tan precarias, el bienio rojo (1919-1920) no hubiera aterrado a las clases medias y altas, y la democracia liberal no hubiera sido unánimemente culpada de ser la causante de estos males, el fascismo no habría pasado de poco más de un centenar de afiliados en 1919 a 30.000 en 1920 y 250.000 en 1921, no habría obtenido 35 diputados en las elecciones de mayo de este año y en 1922 Víctor Manuel III no habría encargado a Mussolini formar gobierno, dándole el poder que le permitió establecer la dictadura en 1925.

Si las condiciones de vida en Alemania no hubieran sido tan precarias tras el tratado de Versalles, si la inflación de 1923 no hubiera sido tan brutal y si la Depresión del 29 no hubiera agravado aún más las cosas, Hitler jamás habría obtenido 230 escaños en las elecciones de julio de 1932, convirtiéndose el partido nazi en el más votado, ni habría sido nombrado canciller en 1933.

Conviene no olvidar en estos momentos, no tan terribles pero sí durísimos y sin una luz clara al final del túnel, que la democracia es hija de la generalización del bienestar y una conquista siempre reversible cuyos enemigos de izquierdas y de derechas se crecen en las situaciones de crisis económica. En su artículo "El populismo recorre Europa" escribía hace unos días el director de La Vanguardia, José Antich: "Que el populismo del color que sea va ganando espacios en Europa es algo evidente. Y lo hace mediante fórmulas electorales diferentes en cada país, pero poniendo siempre en riesgo los modelos gracias a los cuales el Viejo Continente ha sido avanzadilla en muchas cosas, entre otras el propio proyecto comunitario. En países de la Europa meridional como Italia y Grecia, irrumpe con fuerza a través de formaciones que recogen el gran malestar social. Tampoco se escapan estados como Francia, Holanda, Austria, Reino Unido y los países nórdicos". Nosotros vamos por esta peligrosa senda.

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