david Fernández

Poquito a poco

POQUITO a poco. Menos pasos. ¡No correr! Las urnas dictaron la chicotá que Javier Arenas no quería, la victoria más amarga: "O hay cambio o no lo hay. Dudo mucho que el cambio sea poquito a poco", repetía en campaña. No imaginaba que su partido perdería casi medio millón de votos respecto a las generales. Pero los andaluces, frente a lo que pronosticaban Arenas, los finos analistas, las encuestas y las barras de los bares, optaron -para sus adentros, con su papeleta en la mano- por el cambio poquito a poco. La hora y... Lo que Griñán imaginó cuando decidió celebrar las andaluzas por separado. Y al final, contra todo pronóstico, escapó vivo. Ni los suyos confiaban. Su plan lo contó en la copa con periodistas que celebró en la Navidad de 2010. Y funcionó: primero las municipales, luego las generales y, cuando el personal se quede a gusto castigando a ZP y al PSOE por la crisis, las andaluzas, una vez que se haya retratado el PP de Rajoy con sus recortes. Así de sencillo y complicado. Ganó Arenas y triunfó Griñán, el primer socialista derrotado en las urnas andaluzas. La sede del PP parecía celebrar un funeral; la del PSOE, una victoria épica. Que tome nota Rajoy del aviso a navegantes. Los ciudadanos aplauden el recorte en la administración, pero nadie les preguntó por la reforma laboral, que afecta a todos por igual. Cambió Andalucía para no cambiar. A lo justo para que el PP doblara la historia y el PSOE durmiera a pierna suelta tras sacar pecho porque ha frenado la ola azul. Incluso los más socialistas se temían lo peor hasta que el recuento terminó. A priori, PP, PSOE e IU, tendrían que haber comparecido anoche como ganadores, lo típico. Pero si la cara es el espejo del alma, la del PP era un poema de aficionado. La suya fue una victoria pírrica y a pesar de ganar, fueron Griñán y los suyos los que no cupieron en la foto. Los populares cruzaron la meta por delante del PSOE, sí, pero no probaron el champán porque dependen de otros. Los socialistas se lo bebieron, con permiso de IU. Sánchez Gordillo, uno de sus gurús del ala más dura, ha dicho que pactar "con un barco que se hunde" sería "un suicidio". Veremos. Arenas, que anoche suspiraba por los 129.000 votos que se fueron a UPyD, no tenía consuelo posible. Y eso que ganó.

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