Alto y claro

Manuel Jesús Florencio

Postales de Viena

RECIBO un correo electrónico de la mano derecha del alcalde, de tal guisa: "Todas las ciudades tienen sus peculiaridades, su vida propia, sus modos de hacer. Te envío algunas fotos de Viena, una ciudad monumental, cargada de historia cultural y tensiones urbanas, donde podrás contemplar cómo la plaza del Ayuntamiento se ha transformado durante algunos días en un centro de encuentro de los aficionados a la música clásica ya que en una gran pantalla se proyectan óperas, conciertos... Verás también cómo el tranvía circula totalmente integrado por sus calles...". Sí, Viena es una maravillosa ciudad cuyo corazón es la plaza de la catedral de San Esteban, de la que el punto más lejano del casco histórico dista como desde la Plaza Nueva al Prado y en la que aquél está rodeado por su particular Ronda de Capuchinos (el Anillo) fruto del derribo de las murallas y donde se alzan gran parte de los monumentos vieneses, desde el Palacio Imperial al Ayuntamiento, pasando por el Parlamento. Al contrario que en Sevilla, los tranvías -estrechísimos y ligeros, y no anchos y pesados trenes de Metro- no circulan por el casco antiguo, ni tampoco los ciclistas, pues lo circundan por el Anillo , y los carriles bici no están pintados de verde ni ocupan las aceras, sino que están delimitados en el asfalto por discretas líneas y por iconos de ciclistas. Por eso el casco viejo es un paraíso para los peatones, que pueden transitarlo sin necesidad de medio de locomoción alguno y sin temor a ser atropellados. Hay coches de caballos como en Sevilla, pero con dodotis para que los animales no llenen de excrementos las calles, al contrario que aquí. Y, también en contraste con nosotros, el Metro circula por el subsuelo hasta el pie mismo de la Catedral. La plaza del Ayuntamiento (el Rathaus) es uno de los centros de la movida vienesa tal como la envidiaríamos nosotros: cine y conciertos al aire libre, juventud divirtiéndose civilizadamente y sin botellonas y una especie de Feria de las Naciones que por su pulcritud contrasta con la vergonzosa cochambre de la nuestra en el Parque. Sí, como dice el Ayuntamiento, todas las ciudades tienen su vida propia, sus modos de hacer. Por eso este e-mail me recordó cuán lejos está aún Sevilla de Viena.

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