En tránsito

eduardo / jordá

Pragmatismo

ES realmente importante el debate entre monarquía y república? Leo que Ada Colau ha mandado retirar un busto de Juan Carlos I del Ayuntamiento de Barcelona, y una vez más me pregunto si esta clase de decisiones interesan de verdad a la gente. En la planta del hospital público donde pasé casi quince días no oí a nadie hablar de la república ni reclamar a gritos que le trajeran una bandera republicana para colocar sobre la cama. Por lo que yo sé, ningún enfermo se despidió de sus familiares, cuando lo llevaban al quirófano, con un contundente "¡salud y república!", aunque la verdad es que nuestro hospital estaba en una zona deprimida, con niveles de paro del 40% o incluso más, y allí no había muchos politólogos ni muchos expertos en procesos constituyentes. A la gente que conocí sólo le preocupaban los aspectos más epicúreos de la existencia: el violento deseo de tomarse una cervecita helada, la dolorosa añoranza de la casa y de la familia que habíamos tenido que abandonar, o la necesidad irreprimible de saltar por las ventanas y caminar hacia cualquier sitio, fuese cual fuese… Y por supuesto, a los enfermos también les interesaban los aspectos pragmáticos: cuándo les darían el alta, qué probabilidades tenían de curarse o qué perspectivas les esperaban para cuando salieran del hospital… Estas cosas eran las que nos preocupaban. Y repito que se trataba de gente muy modesta que vivía con lo mínimo. Pero si había republicanos, se lo tenían bastante callado. Y lo mismo, que conste, ocurría con los monárquicos. No oí a nadie gritando "¡viva el Rey!" cuando se lo llevaban al quirófano.

Digo esto porque la cuestión monarquía/república preocupa mucho a ciertos políticos, sobre todo a los más maximalistas y dogmáticos, pero la gente -y digo "gente" en su más reciente acepción podemita- pasa mucho de estas cosas. Su actitud es puramente pragmática, y lo que quieren es encontrar un trabajo decente, vivir con un mínimo de dignidad y contar con un buen sistema de servicios sociales. Lo demás, la verdad, le importa un pimiento. Y de momento, por lo que parece, no ha surgido un fervoroso entusiasmo colectivo a favor de la república. La ciudadanía es mucho más precavida y sensata que casi todos sus líderes políticos. Y prefiere lo malo conocido -si lo malo conocido es cuando menos llevadero o pasable- antes que lo bueno por conocer. Siento decepcionar a todos los politólogos que sueñan con implantar una Tercera República, pero las cosas, me temo, son así.

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