Visto y oído

Antonio / Sempere

Prego

LLEGÓ Victoria Prego a En noches como ésta. Y se sintió, y nos hizo sentir, como en el salón de nuestra casa. Y la idea recurrente que me venía a la mente viéndola y oyéndola era cómo es posible que unas personas, pongamos que hablo de Mercedes Milá, cambian tanto como profesionales a lo largo de una vida, mientras que otras, como la Prego, pueden permanecer incólumes hasta el último de sus días. Siendo más y mejor de lo mismo. Con más poso, como el buen vino.

Escuchar a Victoria Prego fue un lujo. Escuchar su análisis sobre lo que lo que supusieron cada uno de los cuatro ex presidentes de gobierno a nuestra democracia, incluidos "esos dos que se detestan, Felipe González y José María Aznar". Y escuchar de primera mano lo que supuso para ella asistir al 23-F desde las cocinas de Prado del Rey. Sintiendo a la vez honda preocupación como española y privilegio como periodista, al asistir a una página de la Historia desde dentro.

Personalmente, como espectador, yo también tuve el privilegio de seguirla, allá por los primeros ochenta, en el informativo 'Al cierre', aquel en el que Joaquín Arozamena le daba paso con un 'adelante, Victoria'. En aquel noticiario no había 'autocúe', no se leían las noticias. Se comentaban. "Yo sabía lo que había pasado y tengo facilidad de palabra. Era fácil. Le indicaba al realizador cuándo tenía que introducir imágenes con la mirada".

Arozamena y la Prego nos contaron las noticias en solitario. Los redactores de informativos abandonaban la casa a las nueve y media. Entonces iniciaban un mano a mano recortando teletipos, indagando en las imágenes de agencias, esperando la hora de medianoche para encontrarse con sus espectadores, y contarles cómo había ido el día. Sin presiones ni cuotas de pantalla. Igualito que ahora.

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