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pilar / larrondo

Preparadas para el baile

MAÑANA a las tantas son los Oscar y yo con estos pelos. Un momento. Yo no soy famosa, puedo presenciar la ceremonia en bata de guatiné sin que se metan conmigo. Un verdadero alivio. Sólo de pensar en el calvario que tienen que pasar las pobres criaturas antes de pisar la alfombra roja me produce ansiedad. En general solemos dedicarle demasiado tiempo a pensar en los eventos importantes. Elegir un bonito vestido, querer acertar con los zapatos, pensar peinados originales para terminar recurriendo al moño del calcetín que alguien te enseñó a hacer en tus años de estudiante y, por supuesto, dar con un bolso tan diminuto que sólo quepa el pintalabios -olvídate de meter el ladrillo que ahora usamos por móvil. Ese es el fantástico ritual de las desconocidas. Si eres famosa y vas al evento del año, la entrega de los Oscar, todo ese proceso se eleva a la enésima potencia y lo que podría ser una tarea medianamente divertida se convierte en un eterno martirio. Días antes las revistas enseñan el procedimiento de las actrices para estar estupendas y brillar más que las propias estatuillas. Pero nadie se pone en sus pieles. "¿Qué fulanita ha estado alimentándose a base de piel de manzana? ¡Qué loca!", ¿Qué alguna ha refregado por su cara placenta de vaca para tener el cutis suave? ¡Qué asco!". Sí, da un poco de grima y eso que desconocemos de todo lo que son capaces. Pero a las pobres no les queda otra. Saben que mañana acapararán miradas y flashes y que, para algunos, serán más importantes sus modelitos que las películas premiadas. De ahí su sacrificio. Y, ¿para qué? Para que un puñado de tuiteros rabiosos hagan sangre del diseño que lleve una, del peinado de otra y hasta de la uña del meñique del pie izquierdo, que está descascarillada.

Que sí, que algunas están para que las fusilen, pero las muchachas llevan medio año haciendo ritos satánicos para estar divinas de la muerte. Así que, no nos ensañemos con ellas, o no tendremos derecho a querer asesinar a la próxima que nos diga que el vestido que llevamos nos hace gordas.

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