Crónica personal

Pilar Cernuda

Presidente con mayúsculas

EL lunes por la tarde José Luis Rodríguez Zapatero reunió en Moncloa a su sanedrín, su consejo de sabios, sus asesores más cercanos y colaboradores.

Por la mañana había participado en la reunión del Comité Federal de su partido, donde se hicieron las lógicas lecturas triunfalistas al resultado electoral y después compareció ante los periodistas. Tras el almuerzo tocaba Moncloa, hablar con el equipo que está cerca de él, y después de las enhorabuenas les explicó cuáles son sus objetivos para la legislatura que acaba de comenzar.

Habrá cambios. Cambios importantes. No de personas -no adelantó ni un nombre-, que es quizá lo menos relevante, sino cambios en la forma de gobernar.

Les dijo que había aprendido de los errores, que había escuchado las críticas y que corregiría algunas actuaciones. Iba a ocuparse más de las relaciones con el principal partido de la oposición, hacer un esfuerzo por cumplir las promesas electorales, daría más protagonismo a la política exterior y, en relación a ETA, nada de negociar a no ser que la banda diera pruebas fehacientes de su voluntad de abandonar definitivamente el terrorismo. Y aun en ese caso, si se producían las negociaciones, en ningún caso se iban a ver escenas como las protagonizadas por De Juana Chaos saliendo de prisión para cumplir condena en un hospital de San Sebastian, y dando paseos por los alrededores para hacer ejercicio. En resumen, que ni una aventura en esta legislatura, sino que quería ser algo así como un presidente con mayúsculas, un presidente preocupado por los problemas de todos los ciudadanos y no de determinadas minorías.

Dicho así suena bien. Millones de españoles -no sólo los que votaron al PP- han tenido motivos en los últimos cuatro años para sentirse incómodos con ciertas políticas y decisiones de Zapatero, incluso avergonzados en algunos casos. Dicho así suena bien, porque lo mejor para España es iniciar una nueva etapa, etapa muy complicada, con un presidente que deje atrás veleidades peligrosas y entre en la senda de la cordura, del sentido común. Dicho así, habría que dar un voto de confianza a Rodríguez Zapatero para ver si puede colocar a España otra vez en el lugar que merece, y no en el que actualmente está después de cuatro años de vaivenes con un Gobierno que ha cometido errores graves y ha cometido bastantes actos de irresponsabilidad y frivolidad.

Dicho así, tal como lo explica alguno de los colaboradores que acudieron a la reunión, hay razones para pensar que Zapatero ha tomado buena nota de lo que le han dicho las urnas, ha reflexionado sobre las equivocaciones de su primera legislatura y ha decidido enderezar el camino, como hacen los hombres de Estado, sea cual sea su ideología.

El problema es que Zapatero ha demostrado sobradamente que le gusta decir lo que sus interlocutores quieren escuchar.

Ojalá en esta ocasión no ocurra lo mismo.

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