la ciudad y los días

Carlos Colón

¡Presidente! ¡Presidente!

UN total de 951.625 parados en Andalucía: en camino hacia el millón. 4.333.669 parados en España: el nivel más alto en toda la serie histórica comparable que arranca en 1996. Y el señor se va. O, lo que es lo mismo, escoge esa forma anticipada de irse, ese estar y no estar, ese presidir a caballito, subido sobre los hombros de alguien más eficaz e inteligente, ese presidencialismo monárquico y decorativo -el presidente preside, pero no gobierna- que le permite hacer como que se va con dignidad, que se retira en vez de ser echado, que se sacrifica en vez de pegar una espantá descompuesta y cobarde. De alguna forma debe intentar disimular que ha anunciado que no se presentará para no representar para su partido el peso muerto y el factor de fracaso que ha sido para España.

Los suyos, una vez que se lo han quitado de en medio, le dedican elogios tan exagerados como sólo se encuentran en los discursos fúnebres. Porque un funeral sin muerto es lo que estos días están oficiando los socialistas y sus portavoces mediáticos, mientras enhebran la letanía de las grandezas de Zapatero y de su gesto: "coherencia", "generosidad, democracia", "orgullo", "principios", "valor"… Entonces, ¿por qué se le ha invitado tan insistentemente, desde esas propias filas suyas que tanto lo admiran, a que se fuera, hasta el punto de que se puede decir que lo han echado? ¿Y por qué ningún presidente de Gobierno ha tenido una valoración tan baja de la opinión pública, ni siquiera el González de la corrupción y el GAL o el Aznar de las Azores e Iraq?

¡La crisis!, dicen entonces las y los felices plañideras y plañideros de Zapatero. ¡La crisis inevitable! Sin embargo todos -ellos y nosotros- sabemos que eso es mentira. Recientemente lo ha recordado José Luis Sampedro: "Pese a la idea interesadamente reiterada de que nadie podía prever la crisis actual, somos muchos los pensadores y economistas que llevábamos advirtiéndolo sin ser oídos; siendo tildados, en el mejor de los casos, de demagogos trasnochados".

Al final lo que importa es que ha saltado del barco dejándolo con 4.333.669 parados, casi un millón en Andalucía, a la vez que quedándose como un monigote en el puente de mando que ya se disputan, unos abiertamente y otros con mal disimulada codicia, quienes más lo elogian. "¡Presidente!, ¡Presidente!", gritaban los militantes a Rubalcaba en Palma de Mallorca. "¡Presidenta!, ¡Presidenta!", le gritaban a Carme Chacón en Elche. "¡Presidente!", "¡Presidente!", debe gritarse Bono a sí mismo, fingiendo que nadie le oye y preocupándose de ser oído (ya saben cuánto le gustan los posados robados).

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