Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Presidio

NOS evoca otras historias de cárceles (es imposible no hallar paralelismos con Prison break, 'Prision' break para la guasa twittera) pero no es la típica historia en una cárcel. Tiene miga y tramas para aguantar. La Fuga no es para huir, sino para quedarse y lamentar que en caso de que tenga éxito la estirarán en Telecinco como chicle. Mientras, disfrutemos de ese malo que aún ha de dar noches de mala milk, el que encarna Asier Etxeandía, en un drama carcelario que no va a padecer de claustrofobia, uno de los temores que teníamos. Incluso tienen un bar para colocar marcas y eso que allí viven en un mundo en crisis apocalíptica, bajo una dictadura. La plataforma reconvertida, muy conseguida en posproducción, da juego. Teníamos prejuicios con La Fuga, con Aitor Luna cristífero, pero sobre todo tras el raspado de futurismo que sufrió el proyecto. La productora Bocaboca, visto el primer capítulo, ha sabido dar forma correcta a un relato que transcurre en una distopía ya vista y el gran público se engancha a la historia de amor hasta el infinito, las lealtades de los que parecen buenos y las sombras que acechan en cada personaje. Es El internado sin niños y es El barco sin niñatos. Acepta al público joven pero se entrega al adulto, sin tanta piel explícita (y hablamos casi de un oxímoron, tratándose de Telecinco). Hay guiños al movimiento de indignados en la historia de los rebeldes, los 'resistentes', y una puesta en escena que recuerda a los futurismos ochenteros de Stallone.

La historia se desarrolla en un mundo en que se han despilfarrado todos los recursos y precisamente se observa en la serie que se ha aprovechado el presupuesto. Está cuidada y aparente. Ya no es noticia cuando se trata de una ficción española. El futuro dependerá de lo que anote en el segundo capítulo. Que el audímetro se apiade María Valverde y los suyos.

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