fragmentos

Juan Ruesga / Navarro

Primavera vera

Alos jóvenes. Hace tres largos meses que empezó el año. Y este año han sido duros meses, de estar agazapados en casa, retrasando los gastos extras a los que obliga en nuestra ciudad la primavera. Pero ya llegó. Ya estamos de lleno en la primavera, que en Sevilla es un periodo de tiempo que va desde que se abre el azahar hasta que se recoge la juncia y el romero de las calles del centro, por el Corpus.

Y con la primavera, se llenan los campos de colores frescos. Ondulantes verdes de los trigales bajo el impulso del levante. Lirios blancos y azules en los ribazos. Amarillos ácidos de la retama, con sus ramas mirando a lo alto. Las doradas madroñeras de las mimosas, que se inclinan generosas a nuestro paso. Los becerros bravos que hunden sus patas en flores moradas y blancas y se recortan en la línea ondulante, cerca de un enorme toro de los que diseñó Manuel Prieto. Creo que no se puede terminar de entender la primavera según Sevilla sin admirar cómo se transforma el campo a nuestro alrededor.

Y con la primavera, en el Paseo de Colón y y en los Jardines de Murillo, aparecen los racimos de glicinias. En los macetones y arriates de patios y pequeños jardines brotan las delicadas calas, con su airoso porte. Y en balcones y azoteas nos saludan los geranios coloristas. Bravíos y chinescos. Y las primeras rosas, que se asoman, aún un poco tímidas. Y con la primavera se llenan las calles de grupos de risueños jóvenes, que nos rodean por todas partes. De aquí y de allí. Es la explosión de la belleza, de la auténtica belleza, la de la juventud. En parejas, en pequeños grupos, en filas interminables. Y donde ellas triunfan, como siempre.

Y en estos días de primavera se aceleran los preparativos para las fiestas de Sevilla. Semana Santa de la infancia. Feria de la adolescencia. Los amigos nos llamamos. "¿Váis a venir este año? (..) ¡Claro que no hay problema! (…) Sí, sí, ya sabes que nosotros vamos en plan tranquilo".

Y como siempre, hay que pensar en comprar alguna cosa para invitar en casa. Y como siempre, hay que pensar en comprar algo de ropa para las ocasiones. Alguna noche de procesiones. Un mediodía de caseta. Una tarde de toros. Y piensan los comerciantes: ¡Menos mal que ya llegó la primavera!, a ver si se arregla esto un poquito. Y florecen los escaparates de modelos airosos y telas de lunares. Zapatos, muchos zapatos. Para vestir y para disfrutar. "Yo creo que este año, con un par de camisas nuevas, me arreglo".

Unas pocas semanas en las que pasan muchas cosas, con un guión escrito y perfeccionado durante años, en que cada edad y cada tiempo ponen sus novedades, pero que terminan armonizándose. Cada año, parte del placer es no hacer muchos planes, un dejarse llevar, un dejarse seducir por la suave rutina, de una aparente improvisación. Fabulosa sensación, pero que hay que saber ponerle final, para que no se prolongue mes tras mes. Un buen amigo dice al llegar el viernes de Dolores "el año está vencido". Algunas cosas no tendrán más remedio que ceder y esperar al otoño. Pero habrá que prepararlas cuanto antes.

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