la ciudad y los días

Carlos Colón

Primero la justicia

FRAGMENTOS del comunicado abertzale: "El cese unilateral de una de las violencias no es sinónimo de paz… La política represiva de los estados debe cesar para poder empezar a hablar de un escenario de no violencia y auténtica democracia (…) que no busque vencedores y vencidos… ETA ha dado por finalizada su actividad armada. Sin embargo, este hecho no ha traído consigo el fin de todas las violencias… Consideramos necesario que se termine con la actual política penitenciaria, totalmente inhumana… Muchas personas han perdido la vida, han padecido daños físicos y/o psíquicos, están desaparecidas, han sido torturadas o maltratadas, amenazadas, encarceladas o exiliadas… Durante años la falta de sensibilidad hacia el dolor ajeno ha sido lo que caracterizaba a la partes en el conflicto… La izquierda abertzale desea mostrar con total sinceridad su absoluto respeto hacia todas aquellas personas que han sufrido y padecido en este largo conflicto, sin querer proceder a ninguna clasificación del dolor y el sufrimiento… Reconoce el dolor y el sufrimiento que las diversas manifestaciones de violencia (…) generada tanto por la actividad armada de ETA como por las políticas represivas y de guerra sucia de los estados español y francés… Un pueblo que (…) ha sido y sigue siendo también víctima (…) de la violencia sistemática de los estados español y francés".

Estos tipos son aún más repugnantes cuando se ponen suavones, ya sea en plan cristianote o indigenista (porque hasta una cita zulú se incluye en el texto). Casualmente los obispos vascos han consensuado, en coincidencia con el manifiesto, una homilía con título de película de Woody Allen -Buscar la paz y correr tras ella- en la que piden a los terroristas que muestren un "arrepentimiento verdadero" y realicen una "petición sincera de perdón".

¿De verdad creen en la posibilidad del arrepentimiento verdadero y la sincera petición de perdón de quienes, además de asesinar, llevan años festejando sus crímenes, riéndose de las víctimas en su cara cuando coinciden en los juicios y elaborando documentos tan repugnantes como el publicado en coincidencia con la homilía? ¿O se trata de una casuística -tan vasca, tan jesuítica- que enmascara con nobles palabras innobles maniobras?

¿De verdad creen que ha llegado el momento de instar a las víctimas a conceder "ese perdón sanador y liberador que, sin anular las exigencias de la Justicia, la supera"? Cúmplanse primero las exigencias de la Justicia y después ya se verá. Porque es de temer que un perdón devaluado sirva para disimular la afrenta que se haga a la justicia a cambio de la disolución de la banda.

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