Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

Privilegiado testigo

LAS diez y media de la noche. El entorno que me rodea, dentro la nave donde me han citado, es un continuo ir y venir de gentes. Músicos, cámaras, productores y algún que otro curioso cercano a los integrantes de Puro, espectáculo que Farruquito estrena hoy en Mallorca.

En el centro de tal espacio, entre la niebla que, desde el escenario, extiende el misterio que avanza que el ensayo general está a punto de comenzar, el bailaor estira sus músculos, salta, sacude sus piernas para engranar esa perfecta maquinaria que es su propio físico. Tres, dos, uno... Juan Manuel advierte con la cuenta atrás a un equipo al que, con paciencia, intenta trasladar esas ideas que sólo él guarda en su cabeza.

A mi lado, en una esquina, Chari, la mujer de Farruquito, contempla una estampa de la que, como periodista, soy el único testigo privilegiado. "¿Cómo voy a contar esto?", me cuestiono. "¿Cuál es el camino literario para trasladar esta magia?". Los ojos de mi joven acompañante, henchidos de amor, poseen las claves: mirar… y dejarse llevar.

Antes de dar vida a las dos piezas previstas, el hijo de la Farruca, el heredero de esta saga única dentro de la estirpe flamenca, se acerca. Me saluda con el gesto y deja que su esposa refresque su larga cabellera con agua para, acto seguido, regalarle ella un delicado beso en la nuca. Las desgracias, dicen, unen o separan y, en este caso, los sentimientos han ganado la batalla a distancias y soledades.

De inmaculado blanco, Manuel Molina aguarda su turno. Suena la música, el duende despierta. Farruquito está en plena forma e, igual que si frente a un auditorio multitudinario actuara, se entrega en cuerpo y alma. El sudor empapa el vestuario de Victorio y Lucchino hasta que, cual Cenicienta, cuando el inexorable tiempo marca las doce en punto, el artista abandona a los asistentes. "Ojalá tuviera hasta las seis de la mañana, pero ustedes saben que tengo que marcharme". Un cariñoso aplauso lo despide. La cárcel espera y, mañana, como en la película, será otro día.

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