Opinión

Francisco Flores Tristán

Productividad y Orden de Calidad

EL contexto de precipitación, en plena campaña electoral, en el que se ha aprobado el Programa de Calidad en los centros escolares ha contribuido no poco a desenfocar el debate sobre el mismo. Oyendo al entonces candidato socialista se podría llegar a la conclusión de que los males de la enseñanza se van a corregir con incentivos al profesorado, pudiéndose deducir así que es el profesorado el principal factor necesitado de mejora para que el sistema funcione. Esto no es en absoluto lo que dice el programa ni los acuerdos firmados con los sindicatos.

El programa viene a desarrollar un acuerdo de la Consejería de Educación con CCOO, ANPE, CSIF y UGT en el que se contemplan medidas como aumentar la plantilla en más de 15.000 nuevos profesores, reducción de la ratio, mejora de la dotación económica de los tutores… La última de las medidas hace alusión a incentivar económicamente al profesorado por la consecución de objetivos. Por tanto, nada hay en la orden, ni en el acuerdo del que se deriva, que permita deducir que el problema principal sea la falta de esfuerzo del profesorado.

Lo novedoso del programa son los incentivos económicos en función de la consecución de objetivos. Esto no es más que un complemento de productividad, que existe en la empresa privada casi desde siempre y entre los funcionarios desde la Ley 30/84. Hace 24 años que los docentes de Primaria y Secundaria (no así los de Universidad) están excluidos de este complemento. Se ha argumentado que es muy difícil medir la productividad en la docencia. De acuerdo que es difícil, pero no imposible. Muchas veces he oído en los claustros la queja de que cobra igual quien pone todo su esfuerzo que quien se limita a "cumplir con lo reglamentario". Esta realidad desanima a muchos profesionales.

Asumir esa crítica implica apostar por mecanismos incentivadores, aunque ello entrañe riesgos. Estamos hablando de una parte relativamente pequeña del total de retribuciones, nada parecido al sistema norteamericano, a mi juicio totalmente rechazable, que hace depender la totalidad de las retribuciones, e incluso el propio empleo, de los resultados del alumnado.

¿Qué objetivos se plantea el programa? Se critica duramente que supone un "chantaje" al profesorado: más dinero a cambio de más aprobados. Pero los objetivos a conseguir son diversos: la mejora de la convivencia en el centro, la relación con las familias, actividades extraescolares… Efectivamente una parte importante de los objetivos se refiere al rendimiento escolar del alumnado. Esta parte es, a mi juicio, la más discutible, pues este rendimiento obedece frecuentemente a razones difícilmente controlables por el profesorado. En cualquier caso, no significa instar al profesorado a aprobar artificiosamente al alumno que no lo merezca. En mis 32 años de docencia no he conocido nunca a nadie capaz de aprobar inmerecidamente a cambio de una gratificación. Suponer lo contrario sí que es insultante.

Sería deseable que el debate sobre el Programa se aborde con el sosiego que hasta ahora ha faltado. A ello contribuiría que la administración, de acuerdo con los sindicatos, hiciera las rectificaciones necesarias en los anexos para que nadie pudiera interpretar que se está pidiendo al profesorado aprobar a alumnos que no hayan alcanzado los objetivos y capacidades requeridos.

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