La tribuna

Abel Veiga Copo

Prudencia ante ETA

TODO parecía indicar que algo sucedía en el entorno terrorista, tanto en su entramado militar, debilitado y exangüe, como sobre todo, en su vertiente política. Los pasos evidenciaban un giro. El último, el documento de la izquierda abertzale del brazo de Eusko Alkartasuna en la que se detallan siete u ocho puntos determinantes, también distintos, nunca hechos públicos. Un alto el fuego verificable a instancias internacionales. Un nuevo lenguaje, un implícito alejamiento a la vía violenta, tan lejana ya de los objetivos independentistas.

Nadie debe creerse que los pasos dados por el brazo político no tuvieran el respaldo y la tutela de la banda asesina. Nos quieren hacer creer que la hipótesis es la contraria. Aquel cordón umbilical entre pistoleros y abertzales radicales sigue unido. Las últimas declaraciones de algunos socialistas vascos con Eguiguren a la cabeza. Los penúltimos silencios. Los movimientos en las cárceles y esos sospechosos, cuando menos, arrepentimientos de varios presos de ETA en Nanclares, eso sí, al margen de las víctimas.

Unos asesinos que han perdido el pulso de la calle, de la realidad vasca, del apoyo de muchos que simplemente se han cansado de esta vesania, de esta crueldad. Ahora habla de un proceso democrático, pero llevamos treinta años de democracia, sólo ultrajada por los asesinos y su terrible dolor. Han escogido esta vez un medio internacional, la BBC. Internacionalizan y buscan el eco mundial. No definen su alto el fuego.

La banda asesina sabe que ha perdido esta cruel y terrorífica batalla. No ha sabido decir basta a tiempo, insertarse en las vías pacíficas y democráticas. Hoy declara un alto al fuego y dice seguir su lucha por procesos democráticos. Le han tendido puentes, el último más allá de todo límite para vergüenza de la democracia y el Gobierno. Otros han tratado de nadar y pescar en río revuelto. Impenitente nacionalismo no violento, que no rehusó en subvencionar con cientos de miles de euros a los familiares de los asesinos para visitarles. Cúpulas efímeras, bases desmoralizadas y la izquierda abertzale inmersa en un proceso interno de reposicionamiento.

Mucho han cambiado las cosas en estos años. Cada vez cuesta más crear y formar taldes, son inexpertos, demasiado jóvenes, no aguantan la presión, el lavado de cerebro no es tan intenso. Demasiada locura y ensordecedor silencio durante mucho tiempo, tal vez demasiado. La acción policial coordinada y la actuación judicial han dado y siguen dando sus frutos. Los únicos que entienden los asesinos y sus aledaños, los que les han insuflado aliento y hálito durante estas cinco décadas de miseria y sufrimiento.

El aislamiento político y social ha causado mella. La enésima tregua o alto el fuego del primer Gobierno de Zapatero en medio de imposturas y medias verdades por parte de unos y otros ha debilitado todavía más a ese mundo radical. Hay cansancio, hastío por una situación que los asesinatos y las bombas sólo envuelven en una sórdida espiral de locura y violencia. La exclusión del Parlamento, de ayuntamientos y diputaciones ha sido el golpe más certero dado por el sistema democrático a la impunidad vergonzosa de décadas de la izquierda radical. Hemos tardado demasiado tiempo en darnos cuenta, en dejar solas a las verdaderas y únicas víctimas de un falso irredentismo asesino. En reunir el coraje de la dignidad y la valentía de la verdad y la justicia, sobre todo hacia las víctimas.

ETA lleva y llevaba tiempo acorralada en su propia indefinición. ¿Realmente es posible la fractura entre la banda y su brazo político y tejido social radical?, ¿es una estrategia más en esa deriva soberanista que ha abrazado a todo el nacionalismo vasco?, ¿es creíble la apuesta de la izquierda abertzale de secundar sólo el camino político y lejos de escenarios eufemísticos de violencia? La retórica abertzale es siempre cíclica, continuista, máxime en los momentos más críticos. El tren de Loiola descarriló prácticamente antes de salir. Sólo cabe negociar cómo, dónde y cuándo dejar las armas y reinsertarse en las vías democráticas y pacíficas. Mientras esto no esté claro para todos, absolutamente para todos, nada se puede negociar, con o sin mediadores internacionales de los que tanto se vuelve a hablar. El espejo irlandés es un espejo convexo que a veces distorsiona la realidad terrorista en nuestro país.

Durante décadas una buena parte de la sociedad vasca, esa gran sociedad narcotizada y amnésica, les apoyó, la otra, miró hacia otro lado, el de la indiferencia, el de la vergüenza, la cobardía y una cínica autocomplacencia. Y miles tuvieron que salir de su tierra atrapados en la asfixia moral y política, atrapados por lo que unos pocos pretendían exclusivo y excluyente. Atrapados por la perversión de la palabra y el discurso comprensivo y amparador de unos políticos que no supieron plantar su valentía y coraje ante los violentos.

No caigamos en las prisas y en la ausencia de prudencia y sentido común. El Gobierno tiene prisa en mostrar resultados. La banda está débil, exhausta y desmoralizada. Sabe que ha llegado al final de su existencia, que no tiene sentido esta locura, pero sabe que puede extraer y obtener beneficios. No se rendirá sin una contraprestación.

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