Visto y oído

Francisco Andrés Gallardo

Pública

UN productor ejecutivo con un gran éxito en la parrilla actual se descompone, literalmente, si le nombran estas siglas: "T-V-E". No es que huya si le sugieren trabajar para la corporación pública, es que amenaza entonces con exiliarse con toda su familia. Este profesional de los platós y los montajes acuñó una metáfora sobre la forma de trabajo en Prado del Reír para que el personal de las productoras se haga una idea de dónde se mete. "Nada más llegar a Televisión Española, y para ahorrar en rodeos innecesarios, te dan un revólver para que te suicides. Pero, para no ponerlo tan fácil, a ese revólver le han quitado las balas para que te mates a culatazos". La desesperación por los escleróticos engranajes de organización de TVE, por el puro contratiempo que es en sí esa empresa, provoca gran parte del fracaso que late tras esas veteranas letras, audiencias aparte.

Al despropósito de la mayoría de sus directivos que se han ido relevando por sus despachos, hay que sumarle un derroche digno de hemorragia viva. Más una plantilla desmotivada (y la costosísima prejubilación sólo ha avivado la pérdida de valores útiles) y unos sindicatos, con la sartén por el mango, que aprovechan el caldo con subidas y pluses que causan el pasmo, mitad indignación, mitad envidia, entre los trabajadores de las empresas privadas.

Por un lado los mandamales del ente intentan salvar la honra de sus números con programaciones a veces descabelladas y estrenos que fallan antes de salir al aire. Por otro, el ambiente de casa de locos es la consigna en cada rincón. Males endémicos de la casa pública. La convocatoria de huelga es casi una anécdota en una corporación de servicio público que chorrea déficit y enjuga las peores cifras de aceptación de toda su historia. Qué pena de muerte a culatazos.

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