Crónica levantisca

juan Manuel / marqués Perales

Puente nuevo

LA entrada en Cádiz es un enorme solar de estructuras varadas sobre la Bahía. Algunos de estos esqueletos metálicos no cesan de crecer, como la del nuevo puente o la plataforma petrolífera que construye Dragados, pero otras languidecen entre el óxido y el aburrimiento. La vegetación se está comiendo las instalaciones de Delphi, las grúas pórticos de Navantia no levantan petroleros y Tabacalera, o como se llame la multinacional que la cerró, nos saluda a la entrada aunque ya no expire el vapor blanco del tostado. En Cádiz, o se trabaja en la administración o se vive de ella. O se es funcionario de la Diputación, guardia municipal o veterinario de la Junta o eres un parado, un jubilado o un prejubilado. El último estudio elaborado por el INE, y relativo a 2012, muestra dos líneas que se cruzan en este ciudad, y de la que se deduce que en Trimilenaria sólo trabaja el 36% de su población; es decir, que de cada 10 gaditanos, tres o cuatro laboran mientras los otros o cobran el paro o viven de la póliza de la prejubilación o, simplemente, carecen de ingresos.

Cádiz es la única ciudad de España que está entre las poblaciones con menor tasa de actividad (personas en edad de trabajar que trabajan o buscan empleo), del 53,8%, y entre las ciudades con mayor tasa de paro, del 33,6%, de lo que resulta que sólo un 36% de los gaditanos tiene un curro. Su cifra de desempleo es la misma que la media andaluza, grave, pero no dramática como la de otras poblaciones cercanas: La Línea, un 49,6%; Jerez, un 41%, como Algeciras; El Puerto, un 39,8%; San Fernando, un 32,4%. Su problema futuro es la combinación de desempleo y de unas clases pasivas que más temprano que tarde desaparecerán con esas paguitas que alimentan al resto de la familia.

Cádiz es el paradigma de la paradoja de la satisfacción, aunque ésta va camino de la beneficiencia. Se vive tan bien, o se cree que se vive tan bien, entre el mar, la playa y la paguita, que sus vecinos temen salir de sus murallas como los personales de Buñuel en El ángel exterminador. El antiguo jefe de estudios del BBVA Julio Alcaide, gaditano de nacimiento y padre de la estadística en España, hablaba de la paradoja gaditana: la provincia se situaba siempre entre las más pobladas del país a pesar de su genética falta de empleo. ¿Por qué no han emigrado?, se preguntaba. La paradoja de la ciudad es que, en contra de la opinión general, ha sido una de las capitales más beneficiadas por el Estado, no es que la haga rica, pero la mantiene y si no, ahí está el nuevo puente, alzándose, para recordarlo.

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