Visto y oído

Antonio / Sempere

Pulso

EXISTE una regla no escrita en TVE que dice que las noches en las que emite cine La 1, no lo puede emitir La 2, y viceversa. Pero teniendo en cuenta que quien manda es La 1. Los recortes están provocando situaciones insólitas. Y esto es sólo el principio. El pasado jueves, a la hora de la habitual serie de ficción, en cuanto Mónica López acabó El tiempo, escuchamos la voz de Raúl Alda introduciéndonos uno de los clásicos acostumbrados en el ciclo de los miércoles. Parecía La 2, pero lo que aparecía en el margen inferior derecho de la pantalla era la mosca de La 1. Efectivamente, el interesante y sucuelento paquete de Cine clásico que ocupaba las noches de los miércoles en la cadena cultural se había convertido ahora en artillería pesada para sustituir el hueco dejado por la familia Alcántara. La última de las películas emitidas por en este contenedor de La 2 fue Historia de una monja (1959), protagonizada por Audrey Hepburn, y logró más de un millón de espectadores. Un logro para la cadena. Y una razón de peso para tomar esta decisión. Pero, claro está, para vestir a un santo hay que desvestir otro, y la emisión del clásico El premio (1963) significó, automáticamente, la desaparición de este espacio de cien en La 2 y su sustitución por los socorridos documentales de naturaleza llenando su señal en esa franja. Sí, que son muy hermosos. Pero que no dejan de tener un inconveniente, el peaje que se paga en audiencia. Sobre todo si tenemos en cuenta que la cuota de pantalla, gracias a esta ración de buen cine diario, había subido durante el último año, encontrándose en el mejor punto desde el inicio de la reconversión en canal temático.

¿Qué va a pasar los lunes con la oferta de cine en las cadenas públicas? La 1 quiere rellenar con cine comercial y La 2 quiere seguir con su selecta cosecha. ¿Resistirá?

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