La esquina

josé / aguilar

La Púnica impúdica

AL levantar el secreto del sumario que instruye sobre la trama Púnica, el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco no sólo ha desvelado las actividades de una red de corrupción, sino que ha desnudado la obscenidad y la baja estofa de unos individuos que han acudido a la política con el único propósito de aprovecharse de ella. Como protagonistas directos -incluso avalados por los votos de los ciudadanos, echando por tierra esa hipótesis bobalicona de que el pueblo nunca se equivoca-, como empresarios arrimados al botín de lo público o como intermediarios y conseguidores.

La Púnica es, sobre todo, impudicia. Es decir, carencia de pudor y deshonestidad, que se manifiestan de muchas formas. La más llamativa, la del lenguaje, grosero en su llaneza y desacomplejamiento. Vean, si no, el caso del ex alcalde de Valdemoro y ex parlamentario -que se llama Moreno y se puso morado- que deja en su teléfono pinchado estas dos huellas de su concepción de la política: "Bueno, tío, pues nada, que me voy de vacaciones. Prepárame pasta" y "Me estoy tocando los huevos, que para eso me hice diputado". ¿Se puede tener menos vergüenza y más desahogo?

Estas conversaciones y otras de la misma calaña, si bien recuerdan alguno de los pasajes más sórdidos de la trayectoria de Francisco J. Guerrero, el director general de Empleo de la Junta de Andalucía del caso de los ERE, revelan una desvergüenza aún más descarnada. Los implicados en la red Púnica no escudan sus trapacerías en un aparente objetivo "social" del que se beneficiarían también colectivos en dificultades. En la Púnica no hay clientelismo. Ni siquiera búsqueda de rentabilidad electoral. La Púnica se crea expresamente para saquear las arcas públicas, y para saquearlas en exclusivo beneficio de los miembros de la trama. Es una corrupción caciquil y monopolista.

El vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Casado, se declaró ayer abochornado, indignado y avergonzado ante la revelación de estas prácticas, pero confiado en que el caso no pase factura al partido en las próximas elecciones generales. Esta confianza parece excesiva, y lo será en cada ocasión en que el PP, y los demás partidos, sean incapaces de descubrir por sí mismos a sus respectivos corruptos y de ponerlos de patitas en la calle y solamente reaccionen con afectada contundencia cuando es la Justicia la que los desvela. Nunca saben nada de lo que están obligados a saber.

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