En serie

dani Rodríguez

Pura esencia Coen

LA calma asentada en la ciudad de Bemidji (Minnesota) se ve alterada cuando un vendedor de seguros cohibido, y que lleva una vida poco afortunada, conoce a una persona enigmática que altera su rutina por completo. Artífices de este argumento, los hermanos Coen se ocultan detrás de la adaptación seriada de su película más famosa, Fargo. Los personajes y sus diálogos, el ritmo y los planos; todos los elementos están compulsados con el sello de Ethan y Joel Coen en lo que pretende ser una miniserie de diez episodios plagados de suspense y humor negro, dispuestos a combinarse con un tono fluctuante y edulcorado para dar forma a una adecuación con sentido, capaz de mantener el espíritu del filme.

El mes pasado la cadena FX emitió el piloto de Fargo, recuperando así notoriedad con un metraje de algo más de una hora y rebosante de calidad cinematográfica, ya que la genialidad de los planos recuerda a la película de 1996 pero se añade un compás trepidante e intenso. Un comienzo atractivo que engancha debido a su peculiaridad -empañada a veces por ciertas irregularidades en el ritmo y algunas deficiencias- y a la que se une un elenco magnífico para conformar una trama absorbente con alto contenido en asesinatos, conspiraciones e investigaciones que convergen en una obra salpicada de humor negro.

Esta adaptación de Fargo es algo distinta de la historia original, así como lo son también sus protagonistas. A pesar de esta marcada diferencia, los personajes son reconocibles para cualquier asiduo seguidor de los Coen; como si se tratara de un universo paralelo. El reparto es soberbio y constituye uno de los principales méritos de la ficción de Adam Bernstein; con un Martin Freeman (Sherlock, El Hobbit) metido en el papel de hombre fracasado y patoso, y un espectacular Billy Bob Thornton (Faster, The Informers) que carga a sus espaldas todo el protagonismo gracias a la interpretación sensacional de un asesino tranquilo, enigmático, irónico y profundamente misterioso.

La banda sonora marca los golpes en un apartado visual donde se enfoca cada detalle a la hora de proporcionar cierta simbología y pistas que clarifican o confunden al espectador. La estética apela a la nostalgia, con una historia cautivadora (obviando algunos hechos irracionales que solo intentan aportar el humor de los Coen) con una narrativa ágil.

Fargo vuelve dieciocho años después en un formato acomodado y coherente, sin descuidar la calidad cinematográfica. Recuerda a estilos como el de True Detective pero resucitando la marca de los dos hermanos cineastas estadounidenses con un guion espectacular, absorbente y lleno de intrigas. Pura esencia Coen.

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