HASTA el día de ayer, la versión oficial del Ejecutivo sobre la crisis económica mantenía que su origen estaba en el sistema financiero de Estados Unidos, un sector escasamente vigilado por los reguladores oficiales donde la avaricia se impuso a las normas del buen gobierno. Uno tras otro, ministros y portavoces del PSOE se han encargado de subrayar durante los últimos meses las diferencias entre el sistema estadounidense y el europeo, pero eso fue hasta ayer, porque el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, ha culpado a los bancos y cajas españoles -hasta ahora, elogiados por el Gobierno- de provocar la crisis del sector de la construcción. Corbacho, francamente molesto por las recomendaciones que desde el sector financiero se están dando sobre el mercado laboral, contraatacó con una acusación propia de una disputa de barra de bar. "Todo el mundo me da consejos", dijo el ministro de Trabajo. Pues ahí va su argumento: "No estaríamos aquí si no hubiera habido un modelo de avaricia financiera como el que hemos tenido". Es cierto, como apunta el ministro, que algunos bancos y cajas han dado hipotecas a promotores y particulares por encima del precio real de la vivienda, pero también lo es que los ayuntamientos alentaban la construcción, que todos los agentes económicos se apuntaron al boom y que el anterior vicepresidente de Economía, Pedro Solbes, siempre predijo un aterrizaje suave del sector de la construcción. Pero las declaraciones de Corbacho no son una anécdota o una salida de tono en un tórrido mes de agosto, sino un reflejo de la deriva que el Gobierno ha tomado durante este verano, una tendencia caracterizada por una alineación con las tesis de los sindicatos a la vez que se produce un distanciamiento con la patronal, la CEOE, y con su presidente, Gerardo Díaz Ferrán. En un contexto de crisis como el actual, el Gobierno se está comportando como un atizador del fuego más que como un conciliador de posiciones. Un radical sin causa. A Corbacho parece no importarle ya alcanzar un acuerdo de concertación social. ¿Y al presidente? ¿Y a la responsable de Economía? Salgado sigue ausente, mientras otros parecen dictarle un camino que posiblemente deberá deshacer en septiembre.

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