Visto y Oído

Antonio / Sempere

Radio cultural

SEGURO que el maestro Jesús Vigorra me da la razón si afirmo que la radio cultural no tiene por qué ser aburrida. Ni encorsetada. Ni algo del pasado. Esta semana tengo la suerte de asistir en los Cursos de Verano de la Complutense en El Escorial a un encuentro convocado por Radio Nacional de España centrado en sus formatos culturales, desde el señero El ojo crítico hasta las especializados De película o La sala. Es un malagueño precisamente, Daniel Galindo, el entusiasta que se embarcó en esta última aventura, consistente en relatar a los oyentes la pasión contenida de todo lo que se cuece entre las bambalinas de las artes escénicas. El programa, que arrancó timidez, alcanza desde hace dos temporadas los 120 minutos de duración. Más de lo que dura una función convencional. Pero el tiempo fluye. El nirvana se contagia a través de las ondas.

Por más que la radio sea mágica, yo sigo en mis trece reivindicando como una causa perdida que no habría mejor radio posible que esa que se viese y compartiese también a través de la televisión. De ahí que durante esta semana me vaya a sentir tan dichoso. Porque una cosa es escuchar La sala y otra muy distinta es estar en La sala, apreciar esas caras que hablan solas, adivinar esas expresiones de los actores, directores y autores mientras escuchan las intervenciones de sus compañeros, a micrófono cerrado.

No está de más recordar que la televisión nos permite ver el contraplano. Y que es ahí, en la réplica a veces silenciosa, donde encontramos buena parte de la belleza y de la información.

Volviendo a Jesús Vigorra, por supuesto que los hacedores de radio y televisión cultural se realizan como pocos y disfrutan como ninguno. Pero a los oyentes y espectadores también nos alcanza el festín.

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